Al cruzar el telón, los personajes del circo vuelven a su vida normal, dejan de ser contorsionistas, magos, payasos y acróbatas, para seguir con su rutina diaria con amigos y familia que también han formado parte de su profesión circense.
La caracterización de cada uno demanda intensos ensayos para perfeccionar sus actos y movimientos. En todo momento arriesgan el físico, pero poco parece importarles, pues para ellos es su pasión.
Manuel ensaya con cuchillos, con la ayuda de su hija Amelia; mientras tanto, Indira, su esposa, escala sobre telas realizando movimientos que son parte de la rutina.
Se arriesgan, pero aseguran que se han acostumbrado a la adrenalina, ya que sin sus habilidades la función no sería la misma, y por supuesto que sus ingresos serían más escasos.
Estos personajes aún preservan la magia circense. Su preparación se da al interior de un remolque.
Ángel se maquilla y organiza su vestuario. Le da vida al payaso “Uvita”, mientras sostiene a su hijo Eithan en brazos. Dice que ha nacido con la gracia en su sangre; crece rodeado del regodeo, pero también de las carencias que ha ocasionado la pandemia.
En otro cámper, Alonso, o “Renzo el Gitano”, apaciblemente lava trastes; él también es lanza cuchillos, mientras que sus hijos hacen figuras para la función.
Así es el panorama habitual de las familias nómadas antes de abrir el telón, prender las luces y comenzar con el espectáculo.












