Mi padre es maravilloso, dice una; él es mi roca, indica la otra.
El primero de los comentarios es expresado por Patricia, la hija mayor del exsecretario de Gobernación, José Patrocinio González Garrido; el segundo por Josefa, la quinta y última de sus descendientes.
Debido a que de su desempeño como padre de familia poco se sabe, esta incógnita pretendió conocerse con la colaboración de sus hijas, quienes en lo sucesivo serán citadas con la inicial de su nombre de pila.
Las dos cursan la quinta década de su vida, con estudios de maestría en el extranjero. La mayor radica en España, es intérprete traductor y chef; la otra reside en México, abogada, viaja con frecuencia a Palenque, Chiapas, le ayuda a su padre en la administración de Aluxes, y aplica para hacer un doctorado en los EEUU.
Previo a la conversación con ellas, se les pidió que registraran sucesos relevantes con su progenitor, para facilitar la entrevista. J reveló que fueron tantos recuerdos de la ternura que siempre les ha manifestado su papá, que terminó llorando de alegría al saber la calidad humana de su progenitor. Aunque no lo señaló, su voz quebrada hizo evidente que esa emoción persistía en esa llamada telefónica. La charla se pospuso para otra ocasión.
Desde niña y hasta la fecha, “me llevo estupendamente con él y sólo tengo recuerdos maravillosos de este espectacular hombre que tengo la suerte de que sea mi papito”, dice P.
J considera que en casa su padre maneja la autoridad de manera democrática, y especifica: “lo considero así porque sus disposiciones podían negociarse, a partir quizá de la adolescencia pedía nuestra opinión en asuntos que eran de nuestra competencia.
“Si no nos dejaba ir a algún lado, siempre explicaba el porqué de su negativa, pero a la vez autoritario, él dictaba órdenes en casa; si se me permite la expresión, era un autoritario cariñoso. Gracias a tu pregunta concluyo que su mando era democrático, con tintes de autoritario amoroso.
“No sé si exista esta categoría que te comento, pero así fue mi padre en nuestro hogar y lo sigue siendo hasta la fecha. Pensando ahora como madre, no creo que hubiera tenido la paciencia que él nos tenía y hasta el desvelo que le provocábamos para detallarnos en algunas ocasiones el porqué de su negativa o comentarnos algunos incidentes de su vida cotidiana, que de pequeñas le pedíamos una y otra vez que nos los volviera a contar”.
P no menciona la autoridad paterna, pero en dos relatos coincide con lo expuesto por su hermana.
Cuando la hija mayor tenía 17 o 18 años chocó en el auto de la familia. El chofer sugirió que declarara que él iba conduciendo, de esa manera el seguro cubriría la reparación. “Al enterarse mi padre de mi súper plan, aseveró que eso no era lo correcto, que era tanto como robar, así que tuve que decir la verdad y pagar”.
Quizá por asociación de ideas, P recuerda que cuando su padre le regaló su primer auto, “le puso un gran moño rojo y una tarjetita amorosísima que hasta la fecha conservo”.
Otro suceso relacionado con la autoridad paterna es cuando P cursaba la secundaria y en más de una ocasión Rosita Pico, secretaria de su padre, le hizo la tarea de mecanografía cuando llegaba a visitarlo, lo que fue del conocimiento de su papá cuando ya había concluido el año escolar. Sabedor que ya no podrían cambiarle la calificación de taquimecanografía, don Patrocinio acudió a su escuela a gestionar “que me recibieran en el colegio todos los días de las vacaciones de verano hasta que completara las tareas de mecanografía”.
Concuerdan en mencionar que su padre les exigía en casa lo mismo que demandaba de sus colaboradores en su trabajo y se obligaba a sí mismo. P evoca que cuando se casaron sus padres en 1960, “por cumplir un compromiso laboral mi padre no llegó al establecimiento en que se tomarían la foto de estudio, por lo que la fotografía que hemos visto de ese momento mi madre está con nuestro abuelo Antonio Ortiz Mena”. Añade que el abuelo paterno, don Salomón, también tenía un alto sentido del deber “aunque con nosotros invariablemente fue un abuelito muy cariñoso”.
Nuestro padre, refieren una y otra, permanecía mucho tiempo ausente del hogar debido a sus responsabilidades laborales, pero desde chicas entendimos la importancia de los cargos públicos que ocupó.
En alusión a su vida adulta, J precisa: “En los momentos más dolorosos de mi vida él siempre ha estado conmigo. En ocasiones no le han gustado mis decisiones, pero siempre me ha apoyado y respetado como ser humano”.
Sobre su participación en Aluxes, J comenta que es un verdadero placer trabajar con él, es fascinante ver su proceso estratégico y mental en el manejo del ecoparque, así como sus sueños y pasión por lo que hacen en Palenque. “Tiene una apreciación clara de sus aspiraciones, una fue Aluxes y otra meta que se forjó desde la preparatoria fue la de ser gobernador, pero regresando a Aluxes, ha hecho un rescate ecosistémico impresionante y adora a sus animales, le he visto derramar algunas lágrimas por la pérdida de alguno de ellos o conmoverse ante la llegada de algún bebé huérfano”.
P detalla que cuando va al ecoparque y son muchos los que desean ingresar, ayuda en la venta de boletos.
Como secretario de Gobernación, con relativa frecuencia era llamado a Los Pinos, por lo que decidió destinar los fines de semana para ir a trabajar a la secretaría para desahogar los asuntos pendientes; a la vez, pedía a su familia que le acompañaran para comer juntos los sábados y domingos. Fueron momentos muy gratos, aunque a veces les dejaba para atender alguna llamada o por algún otro motivo. J también recuerda esas reuniones, aunque participó en pocas de ellas por estar estudiando en París. Continuará.












