Cuando un adolescente comete un delito grave, como el ocurrido en una preparatoria de Michoacán que terminó con dos maestras fallecidas, el problema no empieza en la violencia, empieza en la desconexión, y no puede tratarse como un caso aislado, consideró la psicóloga clínica y psicoterapeuta Gestalt, Leticia Pérez de la Cruz.
“Lo ocurrido es muy grave, estoy muy consternada al igual que miles de personas, este caso del joven que atacó a dos maestras, y que ya hubo otro caso reciente, no puede reducirse a un caso aislado”, añadió la especialista que trabaja con niños y adolescentes.
Es un fenómeno complejo que obliga a mirar más allá del hecho, un adolescente de 15 años expuesto a discursos de odio en línea comete un acto extremo, de ahí surge una pregunta incomoda, pero necesaria: ¿Qué tuvo que pasar antes para que esto ocurriera?.
Diversos factores
Como psicoterapeuta infantil-familiar su postura es que estos actos no se pueden explicar desde una sola perspectiva o contexto, es la convergencia de al menos cuatro dimensiones: la psicológica, tiene un mundo interno donde no hay recursos para procesar el rechazo, la frustración, el dolor.
La segunda es el contexto familiar, con vínculos que no lograron contener, acompañar ni poner limites con presencia. La tercera es lo sociocultural, con discursos que normalizan el odio, la violencia y distorsionan la identidad. La cuarta es lo político-estructural, la ausencia de políticas reales de salud mental, prevención y educación digital.
La psicología que no dialoga con lo social, lo político y lo sistémico, se queda corta, y si eso pasa, llegamos tarde.
Remarcó que no se trata de dar una opinión, es una responsabilidad clínica y social que atañe a todos los sectores, no solo a las instituciones. El desarrollo integral de las infancias y adolescencias corresponde a todas y todos.












