Labores de limpieza en el Cañón del Sumidero

"Rafael Espinosa * CP. Entre los acantilados del Cañón del Sumidero, sobre una lancha balanceante, el grupo de reporteros constató los trabajos de limpieza realizados por las autoridades en el caudaloso río Grijalva, cuyo surco de agua nace en Guatemala y atraviesa Chiapas y Tabasco.

Durante el recorrido acuático de más de 30 kilómetros de longitud, la embarcación detuvo su marcha varias veces, frente a la imponente naturaleza, donde Luis Manuel García Moreno, titular del Instituto Estatal de Protección Civil, reveló que diariamente retiran 20 toneladas de basura orgánica e inorgánica.

""El 90 por ciento son troncos de árboles grandes; el 5 es ripio o parte del ecosistema, y el resto es plástico"", comentó -de pie en la popa- a los reporteros enfundados con salvavidas bicolores.

El Cañón, excandidato a una de las siete maravillas naturales del mundo, exhibió sus paredes rocallosas de 200, 600 y hasta mil metros de altura, en compañía de sus mágicas aves que surcaban el cielo, y cocodrilos que reposaban bajo el sol.

En otra parada, el funcionario asintió que la erosión de las orillas ocasiona que los árboles de 10 metros de altura y cinco de diámetro (o más), se derrumben, se hagan pedazos y sean arrastrados hasta la zona del ""tapón"", donde más de 48 agentes de Protección Civil y personal de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, se dedican a levantarlos.

Cuando la lancha rompía el ligero oleaje y rociaba los laterales, era evidente el tránsito de otras naves con turistas nacionales y extranjeros que contemplaban y grababan, impávidos, la magnitud de la falla geológica formada durante miles de años. Hubo quienes decían adioses.

La caída de los árboles de las orillas, obedece meramente a la naturaleza misma, descartando una erosión por aumento de agua o cualquier cosa anormal, continuó Luis Manuel, sentado en la última hilera de asientos.

La brisa levantada por el propio desplazamiento, se incrustaba en los rostros de la tripulación; algunos se vieron obligados a cambiar de posición la gorra, para evitar que se la llevara el viento.

Decenas de ríos y arroyos de 14 municipios aledaños al Cañón del Sumidero, alimentan el río Grijalva, uno de los más caudalosos en México. La basura que irresponsablemente arroja la población de estas localidades termina en este ícono de talla internacional.

Frente a una ristra de grabadoras y videocámaras, Luis Manuel recordó que en 2005, cuando el huracán ""Stan"", se juntó tanta basura en el río, que la gente podía caminar sobre ella sin temor a hundirse.

En la unión de los ríos Sabinal y el Grijalva, se veía aparentemente limpio, debido a una trampa recolectora de basura y una planta de tratamiento de aguas negras, instaladas detrás de las montañas.

No obstante, del 7 de junio a la fecha, el Instituto Estatal de Protección Civil, reportó 860 toneladas de basura orgánica e inorgánica, mientras que anualmente retira cinco mil 400.

En época de lluvia aumenta el arrastre de basura, y la dependencia llega a usar una fuerza de tarea de 300 empleados; sin embargo, en este año ha llovido menos que en otros, aunque esto no le resta importancia al problema.

Don Manuel Pérez González, operador de la lancha, se detuvo un rato sobre las aguas ondulantes, sólo para presumir que el paisaje de enfrente era la única recta del Cañón, y que los cerros frontales y laterales son la imagen encapsulada que tiene el escudo de Chiapas.

Después de más de media hora de viaje, don Manuel Pérez, quien tiene 18 años de experiencia en el transporte de turistas, hizo una pausa en el ""tapón"", donde había lonas impresas sobre los acantilados que decían, ""Limpieza Permanente del Cañón del Sumidero"".

Ahí, dijo Luis Manuel, se equilibra las fuerzas del agua con las cortinas de la presa Chicoasén, la cual detiene el flujo, para luego soltarla poco a poco y generar energía eléctrica.

Más adelante, en las orillas de una zona llamada ""La Selvita"", se veían troncos, envases de plásticos, ripio y ramas flotantes. Había peones a bordo de una lancha que trozaban troncos con una motosierra, y que lanzaban en cadena los pedazos de madera a otros compañeros, para arrimarlos a la montaña.

Otras naves llegaban cargadas con material maderable, en tanto que una maquinaria bautizada como ""Tilapia"", especial para recoger basura, sobre todo madera, se contoneaba sobre las aguas.

Todo en su conjunto parecía un aserradero en medio de la selva húmeda y milenaria; un ejército de obreros en movimiento, que cotidianamente recoge 20 toneladas de desechos, de ocho de la mañana a seis de la tarde, pese a las condiciones físicas y geológicas que representa estar ahí.

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