Lacerante retroceso económico

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) precisa que los niveles de los servicios de salud, de educación y de ingreso en Chiapas y Oaxaca son más bajos que los evaluados en territorios de Palestina ocupados desde hace casi 40 anos por Israel y enzarzados en una cruenta lucha.

El municipio más pobre de los 2 mil 442 que hay en México, Metlatónoc, en Guerrero, vive en condiciones similares a las de Malawi, pequeno país del sureste de África que subsiste básicamente del maíz y es flagelado por el sida.

Esta apreciación del PNUD es confirmada con el informe del Banco Mundial, que senala que México bajó dos posiciones en el listado de las mayores economías mundiales. Del número 10, que ocupábamos hace dos anos (2003), caímos al número 12 (2004). Fuimos superados por India y Corea.

Es la segunda vez que México desciende en los últimos seis anos. En 1999 estaba en el lugar número 9; bajó al 10 en 2000 y recuperó el 9 al ano siguiente. En 2002 y en 2003 se mantuvo en el 10 y ahora, en la clasificación correspondiente a 2004, cae dos puntos para ubicarse en el lugar 12. Objetivamente, nuestra tendencia es a la baja. Mientras los demás países se mantienen en su sitio con excepción de Canadá, las naciones en desarrollo más pobladas ascienden en el listado.

No hay, en consecuencia, a la luz de estimaciones de este calibre, razones para el discurso triunfalista ni para el conformismo. La seriedad de la situación nos convoca, por el contrario, a enfrentar la realidad con un alto sentido de responsabilidad. El primer paso es aceptar los hechos como se nos presentan y encarar el reto para superarlo.

Las características nacionales del mapa de la pobreza se reproducen a escala en los estados de la República. Hay un grueso de la población separada del progreso, es decir, de la alimentación suficiente, la salud, la educación y el empleo, y hay una élite beneficiada con la porción más suculenta del Producto Interno Bruto y de las gratificantes consecuencias que de ello se derivan. Hay contrastes y desigualdades brutales.

También existe una clase media afectada por el estancamiento económico y que con muchas dificultades vive al día, lidiando con los créditos y aceptando empleos mal remunerados o sin prestaciones.

Ese entorno no se compagina con las marchas triunfales de quienes creen que su bonanza personal significa que los negocios públicos navegan viento en popa, o que los programas de asistencia social, que apenas mitigan parcialmente la situación, bastan para aliviar el problema en su conjunto.

Mientras en el exterior se analiza nuestra lacerante realidad, aquí la clase política se concentra en las peripecias de los partidos para escoger a sus candidatos para las elecciones presidenciales del ano próximo. Se debaten nombres y personas, pero no los programas ni sus propuestas para superar retos tan enormes como el anteriormente descrito. Todos los precandidatos prometen acabar con la pobreza, pero no dicen cómo piensan hacerlo; los mexicanos exigimos saber que sus promesas son algo más que retórica hueca.

Así mismo, por avanzada que vaya la presente administración, es tiempo de que el gobierno federal replantee las formas en que se pretende abatir un problema de pobreza extrema que, según nos indican los organismos multinacionales, cada vez se extiende más por el país y lo sume en niveles preocupantes de pauperización aguda. (El Universal)