Aunque Chiapas destaca a nivel nacional por sus índices de lactancia materna, la práctica enfrenta contrastes marcados. Mientras en comunidades rurales e indígenas se mantiene como un pilar cultural y económico, en zonas urbanas y entre madres adolescentes persisten barreras sociales, laborales y emocionales que limitan su continuidad.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (Enadid), el 92.4 por ciento de las madres adolescentes, de entre 15 y 19 años, inician la lactancia materna.
Sin embargo, alrededor del 10 por ciento abandona esta práctica antes de cumplir los seis meses, periodo mínimo recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la lactancia materna exclusiva.
Obstáculos
El Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issste) advirtió que las adolescentes enfrentan obstáculos que van más allá de lo biológico.
El desconocimiento, la falta de experiencia y la angustia propia de esta etapa de la vida colocan a este grupo en una situación de mayor vulnerabilidad para el éxito de la lactancia y la crianza.
A ello se suma que, en muchos casos, los embarazos no son planificados.
El temor a la reacción familiar provoca que algunas jóvenes oculten su embarazo, lo que deriva en un control prenatal insuficiente y complica el establecimiento de la lactancia desde el nacimiento.
Paradójicamente, Chiapas es uno de los estados que más aporta al índice nacional de lactancia materna, aunque su realidad presenta dos aristas claramente diferenciadas.
Contextos culturales
En las regiones rurales e indígenas, cerca del 25 por ciento de las madres logran mantener la lactancia materna exclusiva.
En estos contextos, amamantar no solo es una decisión de salud, sino una práctica arraigada culturalmente y una necesidad económica frente al alto costo de las fórmulas infantiles.
En contraste, en los entornos urbanos la lactancia materna presenta menores niveles de continuidad.
El regreso prematuro al trabajo y, principalmente, la falta de espacios adecuados en centros laborales y escuelas limitan las condiciones necesarias para que las madres continúen amamantando.
La Enadid también señaló que el abandono de la lactancia está influido por la carga emocional y la escasa preparación para la maternidad, factores que afectan especialmente a las mujeres jóvenes.
A esto se suma la reincorporación a empleos sin horarios flexibles ni áreas dignas para la extracción y conservación de la leche materna, mientras que en el ámbito educativo son escasas las escuelas que cuentan con espacios adecuados para apoyar a las madres adolescentes.












