Monseñor Fabio Martínez Castilla, arzobispo de Tuxtla Gutiérrez, dijo que es necesario que las campañas “no nos metan a la división ni a la desesperación y por eso es necesario escuchar a los candidatos y hay que conocerlos, para ver si realmente tienen una vocación de servicio o si sólo tienen aspiración a tener poder”.
“El Señor nos llama a la esperanza, en este tiempo de elecciones sean también para nosotros una oportunidad de esperanza para nuestro Chiapas, para nuestras familias, por eso les invito a que preparemos nuestra mente y nuestro corazón para tomar la mejor decisión por quién es el mejor candidato que puede servir a nuestro pueblo”, sostuvo.
Petición
Pidió no dejarse engañar o “engañarnos por una dádiva o algo que nos dan”, por lo que pidió no vender la conciencia, a fin de hacer un Chiapas de esperanza y de tiempos mejores, porque es la sociedad quien lo construye y el voto será para eso, para construir un estado de tiempos mejores.
Apuntó que en medio de la resurrección de Jesús, es importante tener un corazón, una mente y una actitud resucitada para que se pueda vivir en hermandad.
Dijo que espera que el día de Pascua sea “un mensaje de esperanza que debemos construir todos, esperanza porque no es el mal ni la muerte quien tiene la última palabra, es Jesús quien la tiene y es Dios quien va guiando la historia”.
Martínez Castilla añadió: “Seamos sembradores de esperanza, empezando con nuestra vida, con nuestra familia y en la sociedad; quiero invitarles a que resucitemos con Jesús, y para esto necesitamos tres cosas: una mentalidad plena, es decir, una cabeza con los criterios del Evangelio para buscar siempre el bien común, y lo que nos mueva y nos guíe, sea siempre el bien de los demás, pero no solamente se necesita una buena cabeza, sino un gran corazón con los sentimientos de Cristo, que son de ternura, de misericordia, de reconciliación y de paz, nunca de violencia ni de agresión ni de división, pero también se necesita imitar el actuar de Cristo”.
“Como pueblo de Chiapas hay que tratar de hacer las cosas como el señor Jesús las haría; podemos hacer mejor las cosas empezando con nuestra propia familia”, concluyó.












