Las alianzas siguen a prueba

"Las alianzas entre el PRD y el PAN resultaron una fórmula exitosa. Gracias a ellas ambos partidos políticos lograron arrebatar al PRI Oaxaca, Puebla y Sinaloa, tres estados que habían sido gobernados por el tricolor desde hace más de 80 años. La hazaña, sin embargo, no debe hacerle perder de vista a panistas y perredistas que la victoria en las urnas no debe ser la única meta de una coalición.

Los detractores de las alianzas fallaron en anticipar una reacción adversa del electorado. Argumentaban que el perredista se abstendría o votaría por el PRI antes que aceptar ir de la mano con el partido que les había ""robado"" la elección presidencial. Suponían que el panista preferiría al PRI, antes que un partido de izquierda. Los pronósticos erraron probablemente porque los sufragantes coincidieron con los líderes de PAN y PRD en el diagnóstico de sus estados, es decir, que por encima de las diferencias ideológicas y los agravios previos estaba la necesidad de lograr la alternancia en bastiones históricamente monocolores.

La lección es que las alianzas son un recurso legítimo en una democracia. Así lo reconocieron los votantes en Oaxaca, Puebla, Sinaloa, incluso en Hidalgo y Durango, donde las coaliciones tuvieron un avance sin precedentes frente al poderoso priísmo.

Una vez dicho esto, los dirigentes nacionales de PAN y PRD tendrán que reconocer que sus triunfos no fueron holgados y que cada uno por su lado carece del respaldo ciudadano necesario para formar un gobierno más azul que amarillo o visceversa. Gabino Cué en Oaxaca, Rafael Moreno Valle en Puebla y Mario López Valdez en Sinaloa tienen el desafío de gobernar sin traicionar las expectativas tanto de panistas como de perredistas, así como de los ciudadanos en general que hicieron a un lado eventuales contradicciones ideológicas con tal de conseguir un mejor gobierno.

El escollo no es insalvable. Si bien puede haber temas intratables para panistas o para perredistas, existen muchos pendientes en cada uno de esos estados cuya resolución demostraría el cambio tan ansiado por la mayoría de los electores. Basta con que los gobiernos de coalición hagan una evaluación objetiva de las razones por las que el votante castigó al PRI, para no repetir los mismos errores. Se dice fácil, pero las experiencias aliancistas de PAN y PRD en Nayarit -donde la conjunción de ambos triunfó para después perder de nuevo ante el PRI- demuestra que no es una tarea sencilla.

Si PAN y PRD desean ganar juntos en el estado de México en 2011, como han anunciado, mucho les ayudaría mostrar en Oaxaca, Puebla y Sinaloa que las alianzas fueron también de gobierno, no sólo electorales. (El Universal)

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