Las alianzas y el sistema

"Francisco Valdés Ugalde * El Universal. A diferencia de la química, en la política sí pueden juntarse el agua y el aceite. Para decirlo en paráfrasis de Hegel, no es el reino de la necesidad, sino el de la libertad, el que es característico de la vida humana y su organización en sociedad. De ahí que los juicios simplistas sobre las alianzas que procuran el PAN y el PRD en algunas entidades de la República, sí tengan sentido en un registro de lectura que rebase la mentalidad farmacéutica predominante.

Hace una semana decíamos aquí que no es lo mismo jugar en un tablero que se reconoce y acepta por parte de los jugadores, que jugar al mismo tiempo en el tablero y a propósito del cambio de tablero. Eso es lo que ha llevado al PAN y al PRD a buscar aliarse en terrenos conservados o recuperados por el PRI gracias a su capacidad para gobernar manteniendo el control territorial de poblaciones enteras, bajo los viejos métodos caciquiles.

Hay un interés común de aquellos partidos por ""emparejar la cancha"" frente al segundo, que sigue conservando las ventajas que inventaron los fundadores de su abuelo, el Partido Nacional Revolucionario.

Y el asunto se anuda con los problemas de la agenda de reforma del régimen político. Uno de los fenómenos más llamativos producidos por la alternancia en la Presidencia de la República, ha sido la desaparición del control centralizado que se ejercía desde la dupla presidente-partido hegemónico sobre los otros poderes y órdenes de gobierno. Al llegar la alternancia, desapareció ese control central, pero en su lugar se produjo una dispersión del poder que condujo a reacomodos. Uno de ellos concierne al poder local.

Lejos de estar éste ""ordenado"", de acuerdo con lo que se cree que dice la Constitución, en el sentido de separación de poderes, soberanía estatal, municipio libre, etcétera, el verdadero orden constitucional es el que vemos en la práctica: concentración de poder en los ejecutivos locales, capacidad desmesurada de presión de estos sobre los recursos fiscales que controla la ""Federación"", municipios raquíticos y legislaturas locales endebles. Se trata de los ""virreinatos"" de los que tanto se ha hablado, que se organizaron corporativamente en la Conago y en los que son mayoría los gobernadores priístas.

De ahí que el objetivo común de esas alianzas no sea ideológico sino estratégico. Se trata de enderezar el tablero para conseguir mejor posicionamiento local que las reglas del sistema constitucional impiden a los partidos ""nuevos"", es decir, a los que no han gobernado durante más de 70 años, como el PRI, y que se disputan las influencias en los gremialismos locales codo a codo con este partido.

Si el PAN y el PRD no tienen muchas cosas en común, ésta sin duda es una de las que sí comparten y se trata nada menos que de su fuerza para competir en igualdad de circunstancias en un terreno de juego que sigue disparejo.

No obstante, sin duda es criticable el que ambos partidos, a pesar de todo, los más genuinos en la construcción de la democracia electoral, no hayan adoptado un programa común de reforma del régimen político. A pesar de las voces que hemos insistido en esto desde antes de que se produjera la alternancia, pudo más la cercanía de la llegada al poder que la sensatez de qué, cómo y para qué se usa el poder.

Los ciudadanos hemos quedado a medio camino entre ser electores y ser los depositarios últimos de la legitimidad política, ocupando el lugar que nos correspondería en el segundo sentido. Hay muchas razones que lo explican, pero una de ellas es la reticencia de los partidos que fueron oposición al sistema presidencialista de partido hegemónico, para embarcarse en serio en acuerdos para cambiar de sistema político. Dos obstáculos conspiraron en esta dirección: el nacionalismo revolucionario compartido por una mayor parte de la izquierda, incapaz de distinguir entre modernizarse y domesticarse, y el miedo conservador a sustituir el régimen antiguo.

Y el problema brota por sí solo en sus síntomas. No se puede competir por causas ideológicas mientras el tablero no sea democrático, y el tablero no lo es por la sencilla razón de que está estructurado con base en los principios de la Revolución Mexicana, pero no cualquiera, sino la que inventaron entre Obregón, Calles y Cárdenas (no Madero o Zapata, ni siquiera Carranza). De ahí que aliarse por enderezar la cancha tenga sentido.

En estos días comienzan a fluir en el Senado las propuestas de los partidos y coaliciones para la reforma del sistema político en correspondencia con la iniciativa del Ejecutivo. Esperemos que ahora sí los senadores sean capaces de un debate indispensable: øqué sistema político se requiere para la democraciaú

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