"Cuando un reporte de la Institución Brookings urgió a que Estados Unidos reduzca el tráfico de armas hacia Latinoamérica, reflejó de hecho una frustrante realidad: el gobierno estadounidense carece de la voluntad política, tiene las manos atadas legalmente y los latinoamericanos carecen de recursos.
La limitación para el gobierno estadounidense es que el derecho a poseer y hasta portar armas es considerado como un derecho individual indiscutible por millones de sus ciudadanos. El comercio de armas pequenas es, además, un negocio que sólo en su fase ilegal está calculado entre 2 mil y 10 mil millones de dólres anuales.
Para muchos de ellos, el derecho a tener armas es sagrado y está consagrado en la Constitución, sin importar el tipo de arma que se trate. La justificación está siempre en la afición a la caza y la necesidad de defensa propia, amén de la idea de que una ciudadanía armada es la mejor defensa tanto contra la delincuencia o la tiranía como contra potenciales invasores.
Cualesquier intento de limitar ese derecho enfrentará de entrada la oposición de una muy bien organizada Asociación Nacional del Rifle (NRA), que con millones de miembros y una interpretación literal de la ley está en posibilidad de ejercer una presión política considerable, sobre todo a través de republicanos y demócratas conservadores.
Pocos políticos se atreven a desafiar ese poder.
Así, cuando el triunfo electoral de Barack Obama parecía asegurado, centenares o miles de estadounidenses se lanzaron a visitar su tienda favorita de armas para comprar su rifle de asalto predilecto antes de que un gobierno demócrata lo prohibiese, como ya ocurrió con Bill Clinton, que en 1994 decretó una ""veda"" de 10 anos en la venta de fusiles militares que George W. Bush no renovó.
Peor aún, las leyes federales sobre venta y posesión de armas de fuego son tan superficiales que pueden ser fácilmente ejercidas sin cumplirlas por comerciantes de armas legales, y eso sin contar que la mayoría de los estados del país facilitan, más que dificultan, el comercio de armas. La consecuencia es que legalmente el gobierno tiene las manos atadas y, en ese marco, nadie sabe con exactitud cuál es el tamano del contrabando de armas hacia México.
De acuerdo con el reporte de Brookings, el tráfico ilegal hacia México podría ser de tantas como 2 mil armas al día; lo preocupante para las autoridades mexicanas es el tipo de armamento de que se habla.
Ahí donde hace 20 anos se denunciaba principalmente el contrabando de pistolas, hoy se habla de cuernos de chivo, fusiles Barrett de 50 milímetros y lanzagranadas.
Ahí donde hace dos décadas se hablaba de ""contrabando hormiga"" y la posibilidad de que algunas armas llegaran a manos de grupos guerrilleros, hoy se habla de organizaciones del narcotráfico con grupos armados compuestos por soldados de élite desertores o entrenados por comandos guatemaltecos, ingleses o israelíes.
Algunas de esas armas son robadas en los propios arsenales de la Guardia Nacional estadounidense; otras son compradas legalmente por mexicanos con documentos.
Las más, sin embargo, son producto del tráfico ilegal, uno que lo mismo se nutre en ""compradores de paja"" -ciudadanos estadounidenses que compran un arma para otro- que en los cientos de ferias de armas que se celebran anualmente en todo Estados Unidos o en los miles de ""comerciantes"" de armas autorizados que de hecho hacen ventas esporádicas y operan en áreas legales muy grises.
De acuerdo con un reporte de la Oficina de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (BATF) de 1999, hay más de 4 mil ferias de armas anuales en Estados Unidos, en las que muchas operaciones de compraventa de armas se hacen de particular a particular y sin posibilidades de determinar quién compró o quién vendió.
El BATF reforzó su presencia en México y en la frontera con México a partir del creciente número de peticiones de verificación de números de serie provenientes de las autoridades mexicanas.
En 1990 el BATF mencionó la captura de 380 armas; entre 2006 y 2007 las autoridades mexicanas reportaron la captura de 29 mil armas, incluso 16 mil rifles de asalto (automáticos militares) y provenientes en 95% de Estados Unidos.
Para complicar más las cosas, una gran parte de los partidarios de la venta y posesión de armas de fuego se encuentra en el sur y suroeste de Estados Unidos: se estima que más de la cuarta parte de los 250 mil comerciantes de armas con licencia legal se encuentran en los estados fronterizos con México y que sólo en Texas se realizan 400 ferias o exposiciones de armas -10% del total nacional.
El reporte de un grupo de personalidades cobijadas por la prestigiosa Institución Brookings es tal vez uno de los más importantes en los últimos anos, pero sin la voluntad política y a capacidad legal estadounidense bien podría quedarse simplemente en uno más.
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