Las avenidas del diálogo

Este fin de semana se configuró un nuevo formato de entrega del informe presidencial con un mensaje posterior del Ejecutivo que puso fin a muchos anos de episodios tan ásperos como estériles. Es sólo el principio de lo que debería constituirse como un diálogo entre poderes y, más importante aún, entre políticos y ciudadanos interesados en que la democracia permita acuerdos.

El sábado arrancó el periodo ordinario de sesiones de la 60 Legislatura y con esa corta sesión se sepultaron anos que oscilaron entre el culto y la denostación a la figura presidencial.

La política funcionó. El diálogo abrió las avenidas de ida y vuelta. El presidente Felipe Calderón llegó a la tribuna y entregó. Los perredistas pudieron protestar, con urbanidad política. Abandonaron el recinto con el derecho inalienable de una fuerza política a fijar, con acciones, su posición.

El toque desafortunado fue la censura originada por el Centro de Producción de Programas Informativos y Especiales de la Presidencia de la República, a las palabras de la presidenta en la Cámara de Diputados Ruth Zavaleta, del PRD, cuando explicó con propiedad las causas de su retiro durante la ceremonia.

Ningún buen servicio se le hizo así al Presidente, ni a la democracia, sino al contrario. El entendimiento del error llegó y se aprestaron medidas punitivas que el caso ameritaba.

El domingo se dio el segundo acto. El presidente Calderón, desde el patio central del Palacio Nacional, dirigió un mensaje a la nación difundido masivamente, que se convirtió en un acto solemne, con banda presidencial, Himno, aplausos y cifras. Todo en una hora y media.

Urgió a alcanzar los acuerdos políticos que se requieren en el presente para resolver carencias. Nadie puede eludir, dijo, esta responsabilidad, exhortando a una generación a creer que México sí puede ser transformado en un país mejor.

Hubo aplausos cuando citó reservas monetarias y generación de más de 600 mil empleos, así como esfuerzos reforestadores y, sobre todo, cuando protestó por las vejaciones que trabajadores mexicanos padecen en el extranjero. La gente, ahí, se puso de pie.

Dos actos paralelos que habrán de pulirse en sus detalles pero, sobre todo, armonizarse de ahora en adelante con una idea central: debe haber mecanismos fluidos y respetuosos de diálogo entre poderes. Un espacio privilegiado para ello será la glosa del informe, donde cifras, conceptos y proyectos del Ejecutivo podrán ser contrastados por el Legislativo.

Que quede registro del espíritu que propició el diálogo este fin de semana. Los mexicanos no llegamos a los dolorosos enfrentamientos en que han caído otras naciones hermanas, afortunadamente no hemos transitado esas otras avenidas, pero hemos estado muy cerca. Todas las luces rojas se encendieron hace un ano.

Hoy, el diálogo tiene trazadas rutas bien precisas, los políticos tienen que transitarlas no para garantizarse su sobrevivencia sino de cara a la nación. No se trata de lograr acuerdos como los que evidentemente se dieron este fin de semana para posibilitar su convivencia, sino para justificar su existencia, para que la democracia sea eficaz y rindan cuentas a la ciudadanía que es principio y fin de su razón de existir. (El Universal)