El día de ayer, decenas de hombres acudieron al barrio San Antonio Abad a la casa de Rubisel Nigenda, patrón de los parachicos, para convertirse en el personaje más simbólico del lugar.
Los parachicos, al ritmo del pito y del tambor danzan sobre diferentes avenidas, casas e iglesias de Chiapa de Corzo, para rendirle tributo a San Antonio Abad.
Es alrededor de las 8:30 horas cuando la casa del patrón es concurrida por diferentes hombres del barrio San Antonio, quienes cambian su atuendo civil por el de parachico y se entregan a la danza durante horas por las calles de su ciudad natal.
Santos
Durante la Fiesta Grande, los parachicos rinden tributo a tres santos patronales: el Señor de Esquipulas, el 15 de enero; San Antonio Abad, el 17 de enero, y a San Sebastián Mártir, el próximo miércoles 20 de enero.
El patrón de los parachicos es visitado por decenas personas del lugar, quienes lo abrazan, conversan con él, bendicen y algunas hasta lloran, ya que es el encargado de hacer sonar el pito y la guitarra debajo del incandescente astro solar.
Dentro del hogar de don Rubisel se halla un altar, donde los primeros en convertirse en parachicos, danzan y vitorean sus arengas, como el famoso “¡Vivan nuestras tradiciones muchachos!”, “¡Viva San Antonio Abad, muchachos!”.
Las calles aún duermen, cuando el patrón da el primer paso fuera de su hogar, seguido por el innumerable grupo de los “rostros de palo”, que lo persiguen con el zapateado al son de su instrumento de viento.
El objetivo en este día, es visitar las casas de quienes guardan al santo San Antonio Abad, ya que es su día; también se acude a los diferentes recintos católicos del poblado.
Este día, las calles del pueblo lucen impecablemente limpias; los lugareños aguardan sobre sus azoteas o terrazas, atentos al paso al desfile de los cientos de parachicos; por cada avenida, calzada o calle transcurrida, se unen cada vez más hombres al cúmulo principal.
Las mujeres con atuendo de chiapanecas engalanan las calles de Chiapa de Corzo con su colorido, bailan al unísono el silbato y tambor de los parachicos, quienes transcurren vitoreando detrás de ellas.
Edad
No existe edad para ser parte de este festejo, tanto bebés en brazos de su madre, como personas de la tercera edad, acompañan a los cientos de parachicos en su andar por el pueblo.
Al llegar a la iglesia de Santo Domingo, parroquia detrás del parque central, las dos imágenes de San Antonio Abad, una de tez más oscura, son llevadas al hogar donde pertenece cada uno.
A las cuatro de la tarde los parachicos son invitados a comer el platillo regional, pepita con tasajo, para luego dar lapso a un descanso de tiempo definido por el mismo patrón; después de ello, la danza finaliza hasta aproximadamente las diez de la noche.












