Las cocinas externas son comunes en las casas de miles de familias chiapanecas, sobre todo en áreas rurales. Fogón y áreas de almacenamiento suelen tener un espacio aparte. Gracias al análisis de los montículos 5C y 5D del sitio arqueológico de Chiapa de Corzo, se corroboró que se trata de una tradición prehispánica.
Estos montículos fueron descubiertos por casualidad, dado que en un terreno aledaño se estaba construyendo un área vacacional, donde se encontraron restos de piso y un fogón. El arqueólogo adscrito al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Eliseo Linares Villanueva, detalló que rápidamente quisieron saber de qué se trataba.
Hallazgo
Los trabajos de exploración permitieron recuperar dos mil 244 restos, los cuales correspondían a 25 tipos de cerámica de seis variedades distintas y que pertenecieron un 7.2 % de la cerámica al preclásico temprano, 13.3 % al preclásico medio, 79.6 % al clásico medio y el resto al clásico medio tardío, esto tras los múltiples análisis químicos.
“Lo más curioso es que el 72.2 % se recuperó en el montículo 5D, la estructura más pequeña de cinco metros cuadrados; no encontramos cerámica de tipo ritual, por lo cual descartamos que se tratara de un templo. En un principio pensamos que se trataba de dos casas habitacionales de dos rangos distintos”, declaró el arqueólogo.
Sin embargo, excavaciones y más análisis permitieron ver que se trataba de un complejo habitacional de una sola familia, con una cocina externa; “al parecer, al igual que muchas casas contemporáneas de Chiapas, las cocinas estaban separadas de las casas, lo que nos demuestra que esta distribución es de una antigua tradición”, sostuvo el investigador.
Estas conclusiones, debido a la gran cantidad de fósforo encontrado en la 5C, la más grande y con dos escalones, este material está ligado a la presencia de personas en un espacio; mientras que en el otro montículo hubo grandes cantidades de proteínas y cales.












