Las marchas de inmigrantes

Oleadas de inmigrantes hispanos marchan a diario desde el pasado fin de semana en alrededor de un centenar de importantes ciudades de Estados Unidos para presionar la aprobación de leyes que regularicen su situación y para oponerse a una propuesta para considerar delito grave la estancia en el país sin documentación en regla. Entre los manifestantes sobresalen los mexicanos, de los nueve millones que se calcula que viven allá.

La corriente migratoria es incontenible por una simple razón: los trabajadores que se van están desempleados aquí, y allá hay vacantes.

En México, el gobierno ha sido incapaz de hacer crecer la economía al ritmo del incremento demográfico. Aunque los grandes indicadores anuncian estabilidad, el crecimiento, que es el dato clave, es nulo. Ni el campo ni la industria ni los servicios cuentan con condiciones adecuadas para su desarrollo, que se observa sólo en algunos de los consorcios considerablemente mayores que existen en el país.

México recibe anualmente más de 20,000 millones de dólares, es decir, más de 220,000 millones de pesos, por concepto de las remesas enviadas por los trabajadores migratorios a sus familias, por transferencias. A cambio de eso, la producción nacional languidece y perdemos un formidable capital humano.

El gobierno, que no pudo evitar la emigración laboral, tampoco ha logrado apoyar eficazmente a los trabajadores que se fueron a regularizar su situación de modo que pueda recibir salarios justos, todas las prestaciones correspondientes y sus derechos civiles.

Tanto a México como a Estados Unidos conviene que la migración sea legal, segura y ordenada. Para los estadounidenses la inmigración es un problema de importancia mayor, sólo superado por la guerra de Irak y la situación económica.

Los manifestantes mexicanos enarbolaron en las primeras marchas la bandera tricolor, lo que enfureció a ciertos chauvinistas que prendieron fuego a una bandera mexicana, pues el problema rebasa su naturaleza migratoria y adquiere matices ultranacionalistas y racistas.

Entre los 11 millones de indocumentados que hay en Estados Unidos se cuentan latinoamericanos, africanos, asiáticos y europeos. El lema de Estados Unidos, e pluribus unum, uno de muchos, la pluralidad en la unidad, nace precisamente del origen multirracial y multinacional de ese gran país, que tiene como símbolo mundial la Estatua de la Libertad con una placa en la que convoca a las pobres y fatigadas masas de todo el mundo. Eso es lo que han hecho los pobres.

Es muy probable que el Senado de Estados Unidos avance en la formulación de una ley migratoria que refuerce la seguridad fronteriza, facilite la regularización de los indocumentados y cancele un problema que puede convertirse en un serio riesgo político, más allá de las coyunturales elecciones de noviembre próximo, que también inciden en el debate legislativo.

La contribución a la economía estadounidense no ha impedido, en el caso de los mexicanos, que éstos pierdan sus valores nacionales enarbolando con dignidad sus orígenes, cosa que merece la particular atención del gobierno del senor Fox. (El Universal)