Las medallas serán después

La previsión de que México obtendrá sólo cinco medallas de los 85 deportistas que representarán al país en Beijing refleja un problema estructural de nuestro deporte. Es algo que va más allá del trabajo de los actuales funcionarios encargados del deporte nacional, aunque sean responsables de lo que ocurra en estos XXIX Juegos Olímpicos que comenzaron ayer.

Ya lo hemos visto antes: lo fácil es responsabilizar al financiamiento dado desde el gobierno y encontrar chivos expiatorios que permitan renovar la esperanza de un milagro que siempre está en el futuro. Sin embargo, el sistema deportivo es más complejo.

México no tiene una política de Estado respecto al deporte. Hace apenas meses comenzó a trabajar un equipo de la Oficina de Planeación Estratégica de la Presidencia para tratar de establecer qué quiere hacer México con él.

Los participantes tienen la instrucción de establecer estrategias con dos objetivos: que nuestro país gane medallas olímpicas y que la gente haga ejercicio.

zCuándo decidirán cuál es el interés de México? A partir de ahí, y no antes, deben comenzar a resolverse problemas como el dilema de las federaciones que controlan cada disciplina.

El principal financiamiento que reciben esas organizaciones es dinero público, pero son manejadas por personas ajenas a las instituciones públicas que frecuentemente no rinden cuenta de sus gastos.

Los fracasos en el basquetbol y en el atletismo en los últimos anos pueden atribuirse en gran parte a las pugnas entre los dirigentes de esas federaciones, los deportistas y la Comisión Nacional del Deporte (Conade). El caso de Ana Guevara es paradigmático.

Poco puede hacerse para impedir que los dirigentes de las federaciones se enriquezcan a costa del financiamiento público al deporte y de la calidad del mismo. Para evitarlo se requiere la acción también del Poder Legislativo. Quizá sea necesario quitar independencia a las entidades privadas que controlan el deporte y rinden cuentas a nadie.

A nivel más profundo está la formación deportiva desde la infancia. Suele darse prioridad a la actividad de alto rendimiento, pero zde qué sirve si se carece de una amplia base de potenciales deportistas profesionales?

Cuba es un ejemplo a seguir en ese ámbito. Con una economía mucho menor a la nuestra, instalaciones deterioradas y una población 10 veces menor a la de México, el país caribeno se ubica siempre en la cúspide del medallero latinoamericano.

Una de las principales diferencias entre ambos países radica en la planeación. En Cuba, surge como prioridad formativa en la escuela, posteriormente se cultiva para filtrar el talento y termina con la preparación de alto rendimiento.

Si en este momento se comenzara a realizar un trabajo deportivo constante y desde abajo, será posible cosechar los resultados quizá dentro de una o dos olimpiadas.

Pero en resumido caso, las medallas, si llegan, serán sólo el resultado de un trabajo desde la ninez y los elementos básicos para brindar a los jóvenes la posibilidad de practicar deporte bajo supervisión y cuidado de especialistas.

Lo principal en todo caso es que se comience un trabajo sistemático de reforma a las estructuras y las metas del deporte nacional. Sentadas las bases con un plan nacional que tenga continuidad y profundidad, con una población que practique deporte tanto por salud como por la posibilidad de gloria, personal y nacional. Pero hay que comenzar. (El Universal)