Las muertas del Edomex

Silenciosamente, el número de mujeres asesinadas en el Estado de México duplica este ano al de las reconocidas muertas de Juárez, en una macabra competencia no declarada en la que la justicia es la única que no marca tantos.

Si el asesinato en general es condenado unánimemente por normas morales y mandatos legales y religiosos, privar de la vida a una mujer, como a un menor o a un desvalido, tiene el agravante del abuso, por la superioridad física o la ventaja de las armas.

El ano pasado hubo 20 feminicidios en Ciudad Juárez, Chihuahua. La cifra llegó a 32 sólo en Ecatepec y en ciudad Nezahualcóyotl.

La estadística de este ano registra 131 asesinatos, sobre todo en el oriente del Estado de México.

A diferencia de Ciudad Juárez, donde las asesinadas son sobre todo jóvenes obreras de las maquiladoras, en el Estado de México van de bebés y ninas a adolescentes y madres jóvenes, y se les vincula con la explotación sexual y otros delitos, o a simple violencia de género.

No parece haber un patrón criminal, por lo que la policía descarta la existencia de una banda o asesino serial.

Las víctimas son abatidas principalmente a tiros o estranguladas, y a veces golpeadas en el cráneo con objetos; algunas son ultrajadas sexualmente. En uno de los casos, una madre fue liquidada por su hija, en la disputa por un terreno en Ecatepec.

La cultura del macho se expresa nítidamente en Nezahualcóyotl, donde 60 por ciento de las mujeres padecen violencia en sus hogares. Las autoridades municipales sospechan que algunos excesos culminan en muertes.

En el Estado de México, que tiene 15 millones de habitantes, 585 mujeres han sido asesinadas desde el ano 2000 a la fecha. Todas pertenecían a familias humildes, excepto dos no identificadas que se suponen centroamericanas.

Las autoridades mexiquenses se esfuerzan en diferenciar la situación con lo sucedido en Ciudad Juárez, que ha tenido resonancia mundial y sirvió de tema a una película de Hollywood.

No quieren famas que empanen la ambiciosa carrera política de los gobernantes. Claro, su mejor medalla sería poner coto a la ola de brutal violencia contra las mujeres, tarea que no parece al alcance de sus aptitudes.

El perfil de las víctimas, según la Fiscalía Especial que investiga los homicidios, es el de mujeres que viven en condiciones de hacinamiento, en zonas marginales, con acceso limitado a servicios públicos, de baja escolaridad o que laboran en lugares de riesgo, como las meseras. En suma, son jovencitas indefensas e inofensivas.

El perfil del homicida es de hombres rodeados de un entorno de violencia, incapaces de moderar sus impulsos, con desprecio hacia el sexo femenino y rápidos para las respuestas violentas.

Para los diputados, la lucha contra este tipo de violencia requiere un presupuesto de 2 mil millones de pesos, no los 200 millones que se han asignado.

Así no se puede.