Las muertas que no mueren

"Al hacer su balance final de trabajo, la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Relacionados con los Homicidios de Mujeres en el municipio de Ciudad Juárez, Chihuahua, puntualiza que ""se distorsionó la dimensión exacta del problema"", pues de manera oficial se cometieron 379 feminicidios, en su mayoría producto de violencia social, venganzas personales, rinas, pandillerismo, prostitución o farmacodependencia. Tal cifra, asegura el informe respectivo, es incluso inferior al promedio de asesinatos en otros lugares del país, como Toluca, en el Estado de México.

Planteada así, tal conclusión pareciera minimizar el impacto de lo que ha sucedido en la ciudad fronteriza desde 1993, cuando comenzaron las desapariciones de mujeres.

Sería inaceptable que la autoridad, para quitarse de encima la presión de la sociedad en torno al tema, generalice la problemática y, peor aún, la frivolice, como si el hecho de que sean asesinadas miles más de mujeres en el país fuera una atenuante a lo que sucede en aquella ciudad de Chihuahua.

También parece que el hecho de que no haya un asesino serial o patrones de conducta similares entre los feminicidios fuera causa de alivio para las policías y procuradurías, pues ""sólo"" se estaría frente a problemas como violencia intrafamiliar o hechos de sangre comunes.

Así fuera una sola la mujer asesinada, por la razón que fuere, la autoridad tiene la obligación de preocuparse y actuar en consecuencia. Si, además, el fenómeno de los feminicidios adquiere ya dimensiones nacionales, habría que actuar en consecuencia.

Da la impresión de que las autoridades quisieran quitarse de encima un problema al que no dan una explicación suficiente, pero que ello no significa que el problema esté resuelto. De hecho, seguimos esperando soluciones, no justificaciones.

En ese sentido puede ser útil la nueva Fiscalía Especial para la Atención de los Delitos Relacionados con Actos de Violencia contra las Mujeres en el país, que entró en funciones esta semana, como una nueva oportunidad de replantear un problema. De las mismas conclusiones de la autoridad se desprende que es necesario dar atención federal al fenómeno, poniendo especial énfasis en los lugares donde se concentran los asesinatos. Tampoco será válido minimizar un homicidio por el solo hecho de que haya sido cometido en el marco de la delincuencia común o como producto de la violencia intrafamiliar.

Se requiere del Estado una respuesta suficiente para conjurar el fenómeno y reducir la posibilidad de que las mujeres sigan muriendo en el país. No se vale que, en lugar de eso, se opte por salidas propias del sofisma y un uso cuestionable de las cifras para decir que todo está bajo control, porque no es cierto.

Si bien los niveles de inseguridad en el país se han incrementado exponencialmente durante los últimos anos y, por lo tanto, los homicidios también, en el caso de los asesinatos de mujeres en toda la República subyace, adicionalmente, una fuerte carga de discriminación y violencia, que responde a patrones culturales de corte machista, en los que la mujer vale menos que el hombre.

Pero, por lo pronto, lo de Ciudad Juárez sigue sin resolverse.

Habiendo tanto por hacer, no se vale, entonces, que la autoridad insinúe, con sus gráficas y conclusiones, que, después de todo, lo de Ciudad Juárez ""no era para tanto"" o que es ""un mito"". (El Universal)

"