"El Partido Revolucionario Institucional (PRI) lleva siete mudas de alma en 80 anos, un mecanismo de defensa que le ha servido para liberar presiones de sus grupos internos de poder y mantener viva una sólida base militante. Luego de su mayor fracaso electoral, hace tres anos, logró recuperar su fuerza porque tuvo un reencuentro con la razón misma de su origen: el arbitrio de sus contradicciones en favor de la estabilidad o, dirían otros, de la inmovilidad.
Beatriz Paredes, dirigente nacional del tricolor, lo recalcó ayer en la celebración del 80 aniversario de la agrupación: ""Si un partido tiene el crédito histórico de preservar la integridad de las instituciones del Estado, incluso a costa del desprestigio de alguno de sus cuadros relevantes, es el PRI"".
Esa ha sido su vocación desde el inicio. Así lo entendió Plutarco Elías Calles al crear el Partido Nacional Revolucionario (PNR) el 4 de marzo de 1929. Quiso controlar a los liderazgos caudillistas que dominaban al país y encauzar todos los intereses que se disputaban el poder posrevolucionario en una sola estructura política. Justo para evitar ese encumbramiento de un personaje por encima de las instituciones, incluido el presidente, es que Lázaro Cárdenas expulsa a Calles y forma, ya consolidado su propio poder, el Partido de la Revolución Mexicana. Primera mutación.
En 1946 se funda el PRI, segunda reencarnación, con una coalición de políticos -ahora provenientes del mundo civil- que consolidan esa vía única de acceso al poder a través de un diseno de gestión de decisiones para el reparto de posiciones políticas y económicas.
Esta coalición se caracterizó por su apuesta por el desarrollo estabilizador, que permitió vincular a las clases política y económica. Pocos tomadores de decisiones distribuyeron los bienes y se aseguraron de mantener el esquema. La exclusión de cualquier competidor político o económico explica la desigualdad perpetuada por los gobiernos ""de la Revolución"". La asimetría llevaría en los anos 60 a la conclusión de que el modelo de negociación debía ampliarse: 1968 dio un golpe de realidad.
Con la llegada de Luis Echeverría, el partido encuentra su cuarta reencarnación. Es la época en que se incorporan jóvenes como Beatriz Paredes, Elba Esther Gordillo, Rodolfo Echeverría y Silvio Hernández. Llegan a la vida pública convencidos de revivir el nacionalismo revolucionario que en los hechos implicaba un fuerte gasto público para ampliar al número de integrantes de la coalición gobernante. Cerca de 20 anos sobrevivió el nuevo modelo cuya principal pretensión era asegurar un consenso lo más extenso posible de una sociedad, plural y diversa, que ya no era la de los anos 50.
El quinto PRI es la antítesis del anterior y emerge por la crisis del modelo entonces vigente. Lo conforman funcionarios con vocación técnica forzados por la necesidad impuesta por las circunstancias de achicar el gasto público, lo que resulta en una obvia incapacidad para mantener una amplia coalición gobernante. Es el neoliberalismo.
A partir del ano 2000 -en que este partido pierde la Presidencia-, neoliberales (tecnócratas) y anorantes del México de los anos 70 han tenido que aprender a coexistir. Cohabitan en un equilibrio precario gracias a que no tienen el poder central.
Este aniversario los priístas han decidido disfrutarlo sin mutar nuevamente hacia una versión que resuelva, y no sólo administre, sus contradicciones. Pragmatismo inmediato: ganar el poder al PAN.
Habrían de estar conscientes de que esa esquizofrenia les hizo perder el poder en el 2000 y los ratificó en su derrota en 2006. El frágil arreglo puede mantenerse rumbo a la renovación del Congreso, pero será más difícil de cara a la elección presidencial de 2012. Para un siglo XXI que demanda definiciones se necesita un partido sin esquizofrenia. (El Universal)
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