Las pequeñas quemas, evitan grandes incendios

Aspecto de lo que puede ser una quema controlada. CP
Aspecto de lo que puede ser una quema controlada. CP

Contrario a las nuevas creencias populares e institucionales, erradicar al 100 % los incendios no es sinónimo de sanidad ambiental; por el contrario, la historia del mundo demuestra que pequeñas quemas, mediante un protocolo de quemas prescritas, es la verdadera solución para reducir la carga de combustible, previniendo de forma matemática la ocurrencia de megaicendios incontrolables.

Así lo explica el maestro Carlos Alberto Velázquez Sanabria, quien detalla que en Chiapas es necesario realizar un cambio de paradigma para entender que “el fuego no es el enemigo, nuestro verdadero adversario es la pérdida de la memoria técnica y la falta de una gobernanza institucional articulada”.

El también investigador explicó que durante décadas, la narrativa del desastre nos ha enseñado a ver el fuego como un elemento puramente destructivo; sin embargo, esta mirada debe ser erradicada.

Incendios globales

La supresión absoluta del fuego ha generado una paradoja ecológica global: la acumulación histórica de combustible vegetal que, sumada a los efectos del cambio climático, está provocando incendios de “sexta generación” capaces de rebasar cualquier capacidad de respuesta humana, como se ha visto recientemente en Chile, Grecia o Brasil.

Ante esta emergencia planetaria, la ciencia del territorio plantea un giro conceptual disruptivo: ¿Y si la solución para evitar los grandes incendios forestales no es apagar el fuego, sino aprender a prescribirlo metodológicamente bajo el rigor de la biotecnología aplicada?.

Este cambio de paradigma es el eje de la línea de investigación del maestro Carlos Alberto Velázquez Sanabria, científico adscrito a la Facultad Maya de Estudios Agropecuarios.

Chiapas y los incendios

Con una trayectoria ininterrumpida desde el año 2003, el maestro Velázquez Sanabria sostiene que Chiapas posee una posición estratégica única en el panorama internacional, habiendo fungido como el gran “laboratorio nacional” de manejo del fuego en México tras la histórica y devastadora temporada de incendios de 1998.

Uno de los aportes más significativos de la investigación es la desmitificación de las prácticas agrícolas tradicionales. El maestro Velázquez Zanabria realiza una distinción metodológica crucial entre la “cultura de la tumba, roza y quema” —ligada a la sabiduría ancestral campesina— y el mal uso del fuego por desconocimiento o intencionalidad comercial.

El fuego forma parte del ADN ecológico del sureste mexicano; históricamente, los productores locales han sabido aplicar las quemas bajo condiciones microclimáticas específicas de humedad, viento y hora del día.

Ignorancia generacional

El peligro real emerge cuando actores no familiarizados con estas variables intentan replicar los métodos sin el conocimiento empírico adecuado, o cuando incendios antropogénicos (generados por la mano del hombre) provocados por rencillas territoriales o actividades ilícitas escapan de control, amenazando la biodiversidad y la salud de núcleos urbanos completos, como ocurre con las contingencias atmosféricas recurrentes en la “olla” geográfica del valle de Tuxtla Gutiérrez, por ejemplo.

Frente a esto, la investigación ha logrado traducir el comportamiento del fuego en “prescripciones médicas para la tierra” mediante el diseño de protocolos de quemas prescritas.

Estas metodologías no buscan limpiar el terreno de forma empírica, sino aplicar fuego técnico de baja intensidad en momentos específicos del año para reducir la carga de combustible fino en el sotobosque, previniendo de forma matemática la ocurrencia de megaincendios incontrolables.

Biotecnología en potreros

Los hallazgos desbordan el ámbito estrictamente forestal para impactar directamente en el sector productivo agropecuario de Chiapas.

Destaca el uso del fuego como herramienta para el manejo del territorio, desde el reconocimiento de saberes locales, el desarrollo de capacidades y la aplicación adecuada en los terrenos agropecuarios.

La investigación también mapea las necesidades urgentes de capacitación transdisciplinaria, evidenciando que la desarticulación institucional ocurrida tras los picos de máxima especialización técnica registrados entre 2012 y 2018 ha fragmentado la capacidad de respuesta oportuna en las Áreas Naturales Protegidas del estado.

Lejos de quedar estancada en la teoría, la experiencia acumulada por los científicos avanza hacia la modernización tecnológica del territorio.

Tecnología

Las próximas etapas de investigación contemplan la integración de herramientas de vanguardia, tales como drones de alta autonomía para el monitoreo térmico, algoritmos de inteligencia artificial para la predicción de rutas de propagación y la interpretación masiva de datos acumulados (Big Data) para optimizar el ordenamiento legal de las tierras.

Al profesionalizar el manejo del fuego, no solo se generan papers y conocimiento de frontera, sino que se ejerce una defensa estricta de los Derechos Humanos (DDHH) de tercera generación vinculados al derecho a un medio ambiente sano, a la seguridad civil de las comunidades rurales y a la salud pública de las ciudades, demostrando que la ciencia y el territorio deben unirse para evitar que el fuego dicte las reglas del futuro de Chiapas.