"Marco González * CP. Aumenta la contaminación en el aire de Chiapas conforme se avecina el ciclo agrícola. Los factores para que se incremente este peligro para la salud pública son: quemas agropecuarias, incendios forestales y en lotes urbanos.
Cada ano se convierten en cenizas los rastrojos de cientos de miles de hectáreas. Si bien con la migración de miles de campesinos e indígenas chiapanecos -hacia Estados Unidos- la cifra se ha reducido a tan sólo unas 600 mil hectáreas. Aún así, la polución de miles de toneladas de partículas de cenizas, consideran expertos consultados.
Los que más resienten este problema de salud pública son los menores de edad y los ancianos. Mismos que deberán enfrentar de manera desventajosa los factores del calentamiento global. Este verano, prevén los expertos, podría ser el más caluroso de los últimos 150 anos.
Para Don Rogelio Cundapí Maza, un viejo zoque de 85 anos, del Barrio de San Francisco, en la capital chiapaneca, cada ano es más caluroso y eso se debe -según él- a que cada día somos más, la tala de árboles, las quemas agropecuarias, al humo de tantísimos aviones, de millones de carros y camiones, pero, principalmente a los viejos ensayos nucleares.
Nos estamos asando en nuestro propio jugo y nadie mueve un dedo por tratar de que el horno no se siga calentando, dice, mientras saca un poco de agua de una tinaja. Conforme crece el pavimento en las calles, las lozas de las casas, se redujeron los cerros arbolados. Ahora, todo es puro matorral, en el mejor de los casos, subraya.
Un grito de alerta
Desde siempre se ha quemado el rastrojo, dicen expertos como el doctor Cecilio Marroquín, experto en temas agropecuarios y de sociología rural. Sin embargo, ahora, se ha abusado de la cultura del fuego (la tumba, roza y quema) está más prendida que nunca, senala irónicamente.
En la última década, la quema de los rastrojos ha venido disminuyendo, anade el experto, ya que pasó de unas 950 mil hectáreas a unas 600 mil. Esa reducción no se debe a que se haya elevado el nivel de conciencia ?no!. Eso se debe a la migración y al abandono de cientos de miles de parcelas, precisa.
Con el fenómeno de la densa capa de humo, asevera, se está provocando un efecto invernadero, generando aún más calor que el habitual. En el ambiente, hay mayor cantidad de bióxido de carbono, con lo cual se pone en riesgo la salud pública de los chiapanecos. Ese fenómeno, también puede generar torrenciales precipitaciones o un mayor número de ciclones.
Por su parte, el médico Rafael Mercado Valenzuela, advierte que las autoridades le prestan poca atención a la polución que genera las quemas agropecuarias y los incendios forestales.
""De todos es sabido que al haber más bióxido de carbono por el humo de las quemas agrícolas e incendios forestales, hay menos oxígeno y eso debe de alarmar no solamente a las autoridades, sino a todos los chiapanecos, por los peligros que representa para la salud pública"".
Para el futuro neumólogo (especialistas en enfermedades de las vías respiratorias), se debería de tener en Chiapas un estudio detallado de los efectos nocivos de las partículas suspendidas en el medio ambiente, durante la época de la quema agropecuaria y los incendios forestales.
Así como en las grandes ciudades se mide la calidad del aire y se dan alarmas cuando la contaminación es muy alta, algo así debería de implementarse en Chiapas a fin de evitar mayores peligros en toda la población, principalmente en los ninos menores de cinco anos y la gente que rebasa los 60 anos.
Otro segmento de la población que debe de mantenerse alerta ante el incremento del calor es la gente que consume bebidas alcohólicas. Ellos, explica el médico, el alcohol les incrementa su temperatura corporal y podrían sufrir desde descompensaciones hasta otros padecimientos más serios.
Para Dona Mercedes, cada temporada de incendios y quemas agropecuarias es un reto a la imaginación. Se debe estar muy al pendiente de la ropa recién lavada que se pone a secar, porque se llena de partículas, sobre todo si los vecinos le prenden fuego al monte de algún lote baldío.
Hasta mediados de los sesenta, dice Don Rogelio Cundapí, los campesinos e indígenas limpiábamos a machete y coa nuestras tierras. Ahora, sino es el agroquímico, se le prende fuego al monte sin importar que el humo afecte a los ninos y a los ancianos.
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