Las universidades al centro nacional

Reconocer que vivimos en los suburbios del conocimiento, que en México no se produce la investigación necesaria, la educación indispensable y tampoco las condiciones para repatriar el talento es doloroso pero cierto. El rector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente puso el espejo en el que la imagen que nos refleja apunta a un país que no tiene el capital humano necesario para la competitividad del siglo XXI.

En un evento donde se dio cita la inteligencia para entregar el máximo reconocimiento de la UNAM, un doctorado Honoris Causa, el rector propuso cuatro condiciones para superar dicho atraso: invertir más recursos públicos y privados en la educación, traer estudiantes de otras naciones para importar conocimientos, construir en el país una red de universidades de clase mundial e incrementar la proporción de la población económicamente activa con estudios técnicos y grados universitarios.

El de la educación es un factor de desarrollo, que no puede ser desatendido ni por el Estado ni por los particulares. La Universidad Nacional Autónoma de México es una de las mejores instituciones de educación superior del mundo, pero su presupuesto no se compara, ni con mucho, con el de otras universidades equivalentes. Si con los recursos que maneja en la actualidad se ha logrado colocar bien en los rankings internacionales -esa convención que consiste en hacer cuadros de honor que propician una útil herramienta para conocer fortalezas y debilidades-, habría que imaginarse dónde estaría de recibir mayores recursos.

Por décadas la educación universitaria ha sido factor de capilaridad social. En este sentido la UNAM no debe perder su esencia pública ni su vocación de servicio al país, enfrascada en un falso debate de que hay que escoger entre masificarla o conservar su excelencia académica.

En el caso de las instituciones de educación superior privadas, si bien hay algunas que destacan ya por su buen nivel o están en la ruta de colocarse entre las mejores del mundo, también hay que reconocer la presencia de mercaderes del conocimiento que sólo medran con la necesidad de grado académico.

Otra de las tareas que hay que resolver y pronto para salir de la geografía educativa en la que el rector de la UNAM nos ubicó es -excluyendo colegiaturas en el caso de la Universidad Nacional, pero incluyéndolas en otros centros educativos- la creación de esquemas de financiamiento con tasas de interés no comerciales o de apoyo de las instituciones mismas para que el reclutamiento apueste más por el alumno excelente que por el acaudalado.

Aun así, ninguna institución superior del país, pública o privada, puede hacer milagros si a sus aulas llegan estudiantes sin la preparación elemental para soportar estudios de fuerte nivel.

En México sólo dos de cada 10 estudiantes del sistema educativo nacional accede a niveles superiores o de posgrado. En Europa la proporción es de 8 de cada 10. Por eso vivimos en los suburbios del conocimiento.

Basta ya de medianía académica, salgamos de la periferia y vayamos al centro del conocimiento como entes de propio derecho. O damos ahora el salto o la modernidad acelerará y nos dejará en el camino. (El Universal).