Tres niños mexicanos, hijos de padres guatemaltecos, fueron asegurados por el Ministerio Público y trasladados a una casa hogar de la capital de Guatemala, todo porque su progenitor fue presuntamente acusado por la Policía Nacional Civil (PNC), de ser un “roba chicos”.
Raúl Andrés Pedro, de 37 años de edad, originario San Miguel Acatán, con diez años de radicar en México, dio a conocer que el pasado 28 de agosto decidió viajar a su país, con sus hijos Arturo, Miguel y Esperanza, de apellidos Andrés Pascual, de seis, siete y ocho años de edad, para visitar a su madre que desde hace varios años está enferma.
Para viajar a la aldea ubicada en la Sierra de Los Cuchumatanes ingresó por el paso fronterizo de Carmen Xhan (México) Gracias a Dios (Guatemala), pero cuando cruzó “la línea”, el último vehículo había partido hacia la comunidad habitada por indígenas que hablan el idioma acateco.
Raúl vio prudente tomar un camión hacia Huehuetenango, la cabecera departamental para viajar al día siguiente, en un camión hacia San Miguel Acatán, donde vive su madre que se encuentra enferma desde que un hermano del inmigrante fue asesinado a machetazos, hace unos meses.
Ese día Raúl y sus tres hijos durmieron en una posada de Huehuentango y por la mañana del día 29, decidió trasladarse al parque del Barrio El Calvario, donde sus hijos se divirtieron en los juegos infantiles, en espera de que pasara el camión que los llevaría a San Miguel Acatán, a 94 kilómetros de la cabecera departamental.
Todo parecía normal ese día, hasta que dos mujeres llegaron a donde estaban a los niños y encararon a Raúl para decirle que esos menores no eran sus hijos.
Una más dijo: “Esos güiros (niños) están muy canches (blancos). No son de usted”, por lo que en pocos minutos se presentaron en el parque elementos de la PNC.
Raúl les dijo a los oficiales que Arturo, Miguel y Esperanza, eran sus hijos y a pesar de que llevaba documentos, donde se asienta que los menores nacieron en la población de Comitán, los agentes no escucharon.
Los agentes de la PNC decidieron llevar a prisión a Raúl, donde fue golpeado brutalmente, para que confesara si era de la aldea de Solomá, donde los indígenas jacaltecos tienen fama al ser acusados de “robachicos”.
“Si sos de Jacatenango aquí no vas a salir de la casa”, le dijo un oficial mientras Raúl permanecía en el piso de la cárcel donde le lanzaban agua con jabón y lo apelaban. Luego fue encerrado en una celda.
Los niños, por su parte, eran trasladados al Hogar Seguro Vivir de la Asunción, en la finca San Antonio, El Plantar, en San José Pinulá, Guatemala, a 22 kilómetros de la capital.
El juez de Paz de Huehuetenango, Julio César Montt Alvarado, decidió enviar a los tres niños al albergue, porque “se encuentran en una situación de riesgo y vulnerabilidad, los cuales quedarán sujetos al Juzgado de Primera Instancia de la Niñez y Adolescencia y de Adolescentes en Conflicto, con la Ley Penal de esta ciudad de Huehuetenango, dentro del proceso penal número 13015-1299”.
Raúl en su defensa dijo que vivía en México desde hace diez años, que sus hijos eran nacidos en territorio mexicano y que se quejaría ante la embajada de México en Guatemala, para recuperar a sus hijos, pero no fue escuchado. Los agentes de la PNC acusaron al detenido de escándalo en la vía pública y desecharon el de presunto robo de menores.
En la prisión, los elementos de seguridad o jefes le pidieron a Raúl, diez mil quetzales (20 mil pesos) para que no fuera molestado.
El 1 de septiembre, Raúl acudió al juzgado a una audiencia ante el juez, donde llegó esposado y aún con golpes en el cuerpo, donde le dictaminaron que el viernes 4 quedaría en libertad. Un día después arribó a Comitán.
Diez años después de que Raúl, casado con su compatriota Magdalena Pascual Felipe, llegó como ilegal a México, no le había pasado algo como lo que vivió en su país de origen, a pesar de que ha viajado a Campeche, donde ha laborado como mesero, en Veracruz y Tabasco, como vendedor de fruta en los mercados.
“Los del Instituto Nacional de Migración (INM) saben que yo soy de Guatemala y mis hijos son de México, pero nunca había tenido ningún problema”, dice el inmigrante.












