Lección para Estados Unidos

Tanto México como Estados Unidos están trabajando en la lucha contra el crimen organizado; sin embargo, todavía existen desigualdades entre el esfuerzo realizado de uno y otro lado de la frontera. El asesinato del agente estadounidense Jaime Zapata revela una vez más estas asimetrías.

En respuesta al crimen, el gobierno de aquel país realizó ayer una gran redada que resultó en el arresto de cientos de personas, presuntos narcotraficantes. Se trata de un operativo encomiable, pero que sólo vemos allá una o dos veces por año. ¿Acaso es eso todo lo que da el aparato de inteligencia y la fuerza policial estadounidense? Con lo espectacular que pueda haber sido el operativo, se afectó únicamente un fragmento de la gran red de distribución de droga existente en aquel territorio.

Si lo de ayer fue el inicio de un combate en serio contra el crimen organizado dentro de su territorio, es una señal alentadora. México lleva cuando menos un lustro en ese sentido y muchos más muertos, en el intento de detener un problema que tiene su origen en aquel país. Ahora bien, las redadas, pese a ser necesarias, son insuficientes. Todavía se espera mucho más de Estados Unidos, en cuanto a reducción del consumo de droga y en restricciones a la venta de armas que abastecen a los cárteles.

Pasarán muchos años antes de que las adicciones estadounidenses bajen, suponiendo que la política de salud en el rubro sea efectiva. En materia de armas, en cambio, el gobierno de Barack Obama tendría que hacer más en el corto plazo. Las cifras son claras: dado que 90 por ciento de las armas en poder de los cárteles mexicanos proviene de Estados Unidos, es muy alta la posibilidad de que Jaime Zapata haya sido asesinado por una de ellas. De ser así, sería una triste lección para Estados Unidos.

Por su parte, México sigue trabajando para mejorar, por ejemplo, su marco jurídico. Prueba de ese esfuerzo es la Ley Antisecuestro aprobada ayer en el Senado. Cabe recordar que el plagio es una de las fuentes alternas de financiamiento a las que las mafias han recurrido frente a la creciente dificultad de hacerse de recursos a través del tráfico de drogas.

Ojalá en la próxima reunión entre el presidente Felipe Calderón y Barack Obama, a realizarse el 3 de marzo, se dé un diálogo amistoso pero firme que apremie a Estados Unidos a acelerar sus acciones y así empatarlas con los esfuerzos realizados por México.

El trágico homicidio de Zapata debe enseñar a los estadounidenses que abatir el consumo y particularmente el tráfico de armas no es un acto de condescendencia hacia México, sino un paso ineludible para proteger a los ciudadanos de ambos países. (El Universal)