"Héctor Fernández * El Universal. En nuestra precaria vida política, poco o nada se legisla a favor de aquellos que no dan votos, como es el caso del trato a los animales. Sin embargo, este tema podría convertirse en un asunto mediático si se comprobara que el legislarlo tiene repercusiones directas e indirectas en la salud pública.
Es la sociedad civil, la que ha llamado la atención en los últimos meses, al encabezar protestas en contra de la crueldad y maltrato de los animales. Esta violencia, que no es nueva, ahora se acompaña del uso del ciberespacio para difundir -incluso por los mismos autores- actos de sadismo y sufrimiento aplicados a los animales.
Recordemos cómo, hace unas tres décadas, fuimos testigos de los primeros reportajes que evidenciaban el abuso de los animales en México. Cómo olvidar aquellas terribles imágenes presentadas en el programa 60 Minutos que evidenciaban cómo se sacrificaban a los perros en los antirrábicos, cómo se usaban cámaras de gas en mal estado -lo que provocaba una cruel y lenta agonía-, recordar con estupor aquellas escenas de la matanza en los rastros en los estados, cuya crueldad, a su vez, repercutía en la calidad de la carne. Tres décadas después, no sabemos qué tanto ha cambiado esta situación en los rastros y en los hoy llamados centros de control de fauna (antes antirrábicos) ante la ausencia efectiva de la inspección.
A pesar de que hace algunos años se publicó la Ley Federal de Sanidad Animal, esta norma limita su competencia al sacrificio de animales destinados al consumo humano, su incumplimiento sólo contempla sanciones administrativas y, en el mejor de los casos, sólo penaliza el tráfico ilegal de especies en peligro de extinción.
Tuve conocimiento, por una fuente cercana, que en la actualidad en muchos de los centros y rastros, a pesar de contar con las pistolas eléctricas, se sigue sacrificando, se sigue asesinando a palos a los animales, con objeto de apropiarse del dinero destinado a la recarga o reemplazo de las baterías.
En 2009, el mayor exponente de la defensa de las mayorías, Carlos Monsiváis, narró con detalle los hechos que terminaron en una masacre de decenas de perros recogidos en un improvisado albergue en el Edomex, masacre (a machetazos) perpetrada por sujetos encapuchados y consentida por las autoridades municipales. Nada se hizo para iniciar una investigación. Ese mismo año, a través de la prensa, supimos del envenenamiento ""misterioso"" de más de 60 coatíes en Cancún, cuya permanencia de esta especie en la zona era causa de disgusto de empresarios que estaban construyendo un lujoso hotel; ahí también quedaron impunes los hechos.
En los últimos meses se han llevado acabo dos marchas de protesta (una a nivel nacional y otra, aunque local, contó con gran asistencia); el poder de convocatoria de ambas refleja el interés por estos temas y evidencian un alto grado de madurez de la sociedad civil.
Es sabido que existen clandestinamente lugares en los que realizan peleas de perros, donde previamente a los futuros perros asesinos se les entrena con violencia (mordiendo un palo, obligándoles a no soltarlo para hacer una mandíbula fuerte tendiente a no soltar a su presa) y ensayando -matar- con perros callejeros. Muchos de los asistentes son gente que entrena un tipo especial de caninos para las fuerzas policiales, y hay claros indicios que, detrás de todo ello, se encuentran mandos o ex mandos de las corporaciones de seguridad pública.
Actos como estos fueron abordados, sin la menor crítica, en la película mexicana Amores perros, donde el manejo que se hizo del tema en nada ayuda a combatir este flagelo social, sino todo lo contrario, lo socializa.
Seguir indiferentes a esta realidad abona a perpetuar la insensibilidad en nuestra sociedad con el consiguiente deterioro de las reglas de convivencia. Es momento de legislar para penalizar estas prácticas crueles contra los animales, incluyendo su explotación comercial en circos.
Hay que manifestarnos, por supuesto, en contra de las corridas de toros, pero, por favor, evitemos que este último tema paralice las discusiones que tengan por objeto prevenir y castigar el abuso de los animales. No debemos olvidar que la violencia que hoy se ejerce contra ellos está separada de una línea muy delgada de la violencia que se puede ejercer contra los propios humanos; es más, prepara el camino para su aceptación.
Lo que se haga a nivel del DF tarde que temprano repercutirá en los demás estados como ha ocurrido con otros temas. Por bien de todos, por bien de la salud moral del país, hay que legislar en favor de los animales.
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* Asesor parlamentario
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