La Comisión Nacional de los Derechos Humanos informó que en las denuncias de violación a los derechos humanos que se reportan con más persistencia entre grupos vulnerables figuran la limitación al acceso a la educación, detención arbitraria, omisión en la atención médica y falta de respeto al derecho de igualdad entre mujeres y hombres.
Pero a lo anterior se suma un grave fenómeno social que tiene explicaciones pero no justificaciones: la discriminación. En nuestro país existe una Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, sin embargo, quienes conocen del tema sostienen que un marco legal no modifica instantáneamente la cultura social, aunque sí expone a los grupos que caen en esas prácticas a la inquisición y sanción por parte de las autoridades.
El Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación ha reconocido que en este país se discrimina de manera sistemática y se mantiene todavía un considerable rezago en la materia, a pesar de que se cuenta con una legislación para evitar dicha práctica. Ésta sobre todo es una cuestión de cultura social, sin que esto último quiera decir que se deja a la convicción de las personas respetar o no la ley porque es además un asunto legislativo y de responsabilidad.
Esta práctica es del todo dañina, pues se manifiesta por diversas razones, todas injustas -sociales, de edad, sexo, religión, género, política, orientación sexual o discapacidad- y se convierte en un freno artificial para la sana marcha de la sociedad, pero además predispone a escenarios de violencia impredecible que con base en la ley se deben evitar.
De esta manera resulta sorprendente que teniendo cerca múltiples ejemplos de los graves resultados de este fenómeno, entre otros más lejanos como los disturbios sociales en California, Estados Unidos, el 29 de abril de 1992, por los excesos de la policía contra un ciudadano afoamericano, no se actúe aquí con mayor contundencia.
De acuerdo con el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, los gobiernos deben intervenir en la sociedad para que se modifique la cultura en la materia y se asuma que la no discriminación y la igualdad son ejes de la democracia.
Luchar contra la discriminación no sólo se traduce en favor del ciudadano, del individuo, sino que construye un mejor país en todos los sentidos, más fuerte y cohesionado.











