Libre| sin tener qué comer

"Gaspar Romero * CP. La cárcel le permitió conocer a Dios; aprender a leer y a escribir. Dejó la brujería pero sufrió todo el tiempo de racismo. Ahora llora un calvario junto con su esposa e hijo, Apolinar Rodríguez Aguilera, un indígena náhualt originario de Catemaco, Veracruz abandonó el Penal 3 de Tapachula, sin dinero, sin qué comer ni dónde vivir.

""No he comido durante todo el día, no tengo dinero. Mi hijo de meses de nacido sólo ha bebido leche y casi la acaba; no sé qué voy a hacer mañana"", son las palabras que inmediatamente Apolinar expresa ante una sed de impotencia al encontrarse en una realidad inesperada.

El ""Catemaco"", como le decían en el Penal 3 de Tapachula, denunció al ex director del lugar, de nombre Pascual Cervantes Martínez, de haberle timado 35 mil pesos. Dinero que ahorró al interior del Penal, tras trabajar y vender comida. ""Vendía yo barbacoa de borrego, casi dos mil pesos diarios, lo que me ayudaba a sobrevivir con mi ahora esposa.""

Sin embargo, ""cuando logró ganarme la confianza, Pascual Cervantes Martínez, me pidió que le prestara 35 mil pesos a cambio de mi libertad, porque mi caso estaba fácil y reconocía que la autoridad había actuado mal, pero al pasar los meses, no me pagó y tampoco me liberó"".

Sostuvo que recibió como pago una golpiza, por los llamados precisos, bajo las órdenes del Director y ahora en libertad total, ""lo vine a buscar a Tuxtla Gutiérrez para que me pague, y se ha escondido, porque ahora trabaja en otro Penal"".

""Llegué temprano a la capital del estado. Fui a buscar a Pascual Cervantes Martínez a la Dirección General de los Ceresos, ubicada sobre la Tercera Poniente entre Avenida Central y Primera Sur; porque dijeron que ahí estaba, sin embargo, me tienen esperando. El policía me avisó que llegaría y son las 18:00 horas y no llega.""

""Estoy desesperado. øPor qué me tratan asíú Hace rato me tuve que sentar sobre una acera a rezar con mi Biblia en mano. Mi esposa no ha comido, mi hijo para mañana no va a tener leche y yo sin dinero, øqué voy a hacerú"" Se pregunta.

Antes de que Pascual Cervantes fuera removido del Penal 3 de Tapachula, ""le pedí que me pagara y se negó. Le dije °págame!, porque mi hijo está enfermo; tiene vómito y diarrea y me contestó: no te preocupes, ya viene el otro"".

Lo que recibí a cambio fue una golpiza, reiteró.

La vida de Apolinar Rodríguez Aguilera, cambió cuando viajó desde Catemaco, Veracruz a Frontera Comalapa, Chiapas a realizar algunas curas a una persona. Ahí, ""una señora me acusó de haberla violado. Arribé el 15 de septiembre a ese municipio, y ella me acusó que la había violado el 10 del mismo mes. Mostré pruebas, sin embargo, la Policía me torturó y me levantó cargos"".

""No sabía leer ni hablar español. Hablo el náhualt, mi lengua materna"" dijo. ""Nunca me presentaron un traductor, al contrario, me hicieron firmar con mi huella digital y me sentenciaron.""

""Les exigí que me hicieran una prueba porque no podía tener relaciones sexuales, porque estaba a punto de casarme y eso les valió a las autoridades"", apuntó.

""Mostré boletos de pago de las casetas de cobro de las carreteras de cuota y tampoco valió como prueba. A pesar de las pruebas cumplí una pena de cuatro años y seis meses.

Al ingresar al Penal, el propio Director, me arrojó a un área donde varios reos trataron de violarme, me resistí y recibí una golpiza que por varios días me paralizaron la mitad del rostro que a la fecha no he encontrado la cura.""

Pero además agregó que como defensa, y para que los reos y los líderes del penal lo dejaran en paz, hizo un conjuro para dejar loco a quien más lo agredió, pues en ese momento practicaba la brujería. ""Eso me ayudó a no seguir siendo agredido, pero para evitar hacer talacha, me obligaron a empeñar mi camioneta, que al momento de salir de la cárcel, la persona responsable se niega a entregármela, pese a que yo tengo los papeles legales"", sostuvo.

Adentro del Penal, en compañía de su esposa, inició un negocio de la venta de barbacoa, con un dinero que reunió al empeñar su vehículo. Luego estudió la primaría, al concluirla, estudió secundaria y aprendió español.

""Incluso dos veces por semana el Director del Penal, comía mis platillos sin que le costara un peso. Ahora no me quiere pagar y eso es injusto."" Acusó que cuando ingresaban los borregos para ser sacrificados frente a las autoridades, éstas lo revisaban de pies a cabeza, pero no revisaban aquellos que ingresaban droga al Penal, esas personas pasaban sin revisión.

""Los custodios sabían cuando llegaban los paquetes rellenados con droga y ésos no los revisaban, cuando ingresaba mi mujer, la revisaban hasta en la vagina y en el ano, para ver si no ingresaba droga y eso la verdad es injusto.""

Pero recuerda que lo más valioso es que ""encontré a Dios; eso me dio felicidad y la unión familiar a pesar de las cosas por las que me encerraron en la cárcel, incluso aprendí el español"". Recuerda que en una ocasión cuando vistió de traje y zapatos, los otros reos se burlaron de él. ""Me dijeron: indio, ahora ya te vistes mejor.""

Ya que mencionó ""cuando me detuvieron, vestía yo guarache pie de gallo y ropa de manta. Ahora soy otro, pero estoy solo, sin nada"". El dinero que reunió para reintegrarse a la vida social al salir, se encuentra en manos del Director multiseñalado, a quien le ruega que le pague.

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