Miguel Alberto Catalán Briones, doctor en Educación, participó en las asambleas estatales y nacionales convocadas por la Secretaría de Educación Pública (SEP) en 2022, junto a docentes, directores, supervisores y otros agentes educativos, como parte del proceso de elaboración de los libros de texto gratuitos (LTG) de la Nueva Escuela Mexicana.
Indicó que se realizaron asambleas en cada entidad del país para poder conocer a detalle las necesidades de formación continua y, sobre todo, revalorizar al magisterio, porque cada reforma educativa conlleva políticas que antes no dejaban al centro al estudiante y al docente.
Hubo basta retroalimentación de los proyectos que presentaron y que fueron evaluados rigurosamente en cada uno de los filtros que establecieron, con el acompañamiento de especialistas en cada una de las disciplinas para ayudar a la selección de los materiales.
—¿Cuál es la base de los nuevos libros de texto?
La Nueva Escuela Mexicana (NEM) lleva el centro de las problemáticas sociales a la comunidad, sin olvidar que dentro de la misma el centro de aprendizaje es el alumno, encaminado a formarlo como constructor de su propio conocimiento.
La visión cambia, las teorías y paradigmas ya no se basan en una perspectiva capitalista, sino que plantea una pedagogía humanista y crítica; se trata de que el docente entienda que hay una diversidad de estilos de aprendizaje.
Plasma también que en todo el país cada región tiene condiciones sociales y económicas muy distintas como en el caso de Chiapas, donde se reconoce la interculturalidad y la riqueza lingüística que lo distingue.
—¿Qué tanto cambió el contenido?
Debemos encontrar un punto de diálogo y apertura para que los padres de familia y maestros, que van a tener consigo estos recursos de apoyo [los libros] para abonar a sus proyectos didácticos, los puedan hojear, revisar y analizar.
Hay que decir que las matemáticas no desaparecen, vienen pero de manera integral porque se suman con otras disciplinas. Los libros no adoctrinan, pueden romper con un paradigma nuevo el sistema educativo que se conoce y formar estudiantes con un pensamiento más crítico.
Por ejemplo, la sexualidad no es ningún contenido peligroso. El profesor va a tener la posibilidad de adaptar actividades al nivel de comprensión de cada niña y niño, siempre en comunicación con el padre de familia.
También en los nuevos contenidos se hace una revalorización de las minorías que han sido marginadas, como las personas con orientaciones sexuales distintas, hablantes de lenguas originarias o personas con discapacidad.
—¿Qué tan necesario era cambiar el modelo educativo?
Cada política educativa también responde al contexto global. En reformas educativas anteriores se consideraban escenarios del mundo anglosajón, específicamente lo que dictaba el Banco Mundial, pero se ha comprobado que en algunos países no ha funcionado el trabajo por competencias, que solo forma trabajadores.
La nueva política educativa responde a un paradigma más social, que retoma las problemáticas de diversos contextos internos, no lo que ocurre en otros países. Hay un cambio social y cultural que ya era muy necesario. Los libros ahora son una herramienta flexible para el cambio, porque cada proyecto responde a diferentes necesidades.
Proyecto
Miguel Catalán trabajó un proyecto que fue seleccionado dentro del contenido de uno de los libros de texto de tercer grado de primaria, titulado “Libros cartoneros para contar historias diferentes”, que nace de ciertas necesidades observadas en preescolar y primaria. Plantea darle al niño la posibilidad creativa de innovar y hacer su propio libro con materiales reciclados.
En algunas bibliotecas los reglamentos son estrictos y no permiten a los niños manipular los libros, pero es importante darles esa apertura para que adopten el hábito de la lectura, indicó.
El proyecto busca crear un tendedero de libros, que el niño tenga la posibilidad de ir a la biblioteca municipal, de la escuela o de su casa, para poder hacer y recrear un libro con historias diferentes y nuevas, que no vengan plasmadas en los libros de texto.
“Antes eran grupos privilegiados a nivel nacional como escuelas particulares, que quedaban como responsables de esta parte —de trabajar el contenido de los libros de texto—, y que en ocasiones sí cobraban por realizar todos estos procesos; en cierta manera se privatizaba la elaboración de los libros”.
“Es la oportunidad, dentro del plano didáctico y su programa analítico, de que la escuela asuma su autonomía curricular, algo que en otras reformas educativas no dejaban al maestro. Ahora existirán espacios de discusión y diálogo”.












