Con argumentos como el de fortalecer el pleno respeto de los derechos laborales y de que los factores de la producción deberán propiciar la generación de trabajos decentes dentro de una economía formal con los beneficios de la previsión social, indispensable para la dignidad humana, el actual Gobierno Federal ha planteado en un sinfín de escenarios nacionales y del extranjero, la urgencia de que los actores políticos no pongan más pretextos y aprueben una reforma en la materia.
El más reciente llamado corrió a cargo del secretario federal del ramo, quien ahora argumenta el hecho de que ya no hay pretexto una vez remontada la jornada electoral del 3 de julio.
En el pasado reciente el mismo actor ha destacado la urgencia de materializar en México una reforma a la Ley Federal del Trabajo, la cual se traduciría en establecer condiciones que permitan el acceso a empleos formales a jóvenes, mujeres y personas mayores de 40 años. Con ello, la actual administración ha destacado que se mejoraría la productividad y se incrementarían los ingresos de los trabajadores sin sacrificar sus derechos, armonizando las disposiciones de la ley con los convenios internacionales de los que México forma parte.
Es el caso que en muchos escenarios del país no han necesitado de reformas para acomodar sus requerimientos que poco caso hacen de estos postulados aspiracionales, es decir, que están en la Ley pero que no se reflejan en la realidad cotidiana de los individuos jóvenes o mayores, porque no hay interesados en procurar que ésta se cumpla. Terceros intermediarios son los que desde hace tiempo largo se constituyeron en sólidos consorcios de tipo logístico jurídico contable para darle la vuelta a la legislación vigente que antes servía y ahora es señalada de haberse convertido en freno a inversiones y a la creación de nuevas fuentes de empleo.
Por ello, si los cambios ya campean, cada llamado a legislar en este tema, cada letra que vaya a modificarse en este aspecto deberá responder al sentido social, tomar en cuenta que independientemente de las ansiadas repercusiones generales en la economía, son los jóvenes quienes resultarán afectados o beneficiados, y de hecho ya lo están siendo cuando se encuentran con estas organizaciones -los terceros intermediarios antes aludidos- las cuales fueron concebidas para dejarles el menor de los beneficios en las relaciones de producción.











