"En lo que va del sexenio, hasta el 30 de septiembre de 2001, han sido asesinadas 47 mil 515 personas ""en el contexto de la rivalidad entre organizaciones delincuenciales, de acuerdo con la PGR. Aunque siempre es positivo transparentar una cifra de tal trascendencia, lo ideal sería que el dato viniera acompañado del método de medición, así como de planes para revertir una situación que no puede tener conforme a nadie.
La primera duda que deja el reporte de la Procuraduría es qué se entiende por contexto de rivalidad entre organizaciones delincuenciales, ¿también se incluyen los enfrentamientos con autoridades, o el número de víctimas civiles por secuestro o asaltos?
Dice la PGR que los números provienen de conjuntar los homicidios que -bajo ese contexto de rivalidad- fueron reportados al Gobierno Federal por parte de las procuradurías y fiscalías de los estados. Es de esperar que al menos se les haya solicitado a las entidades una homologación de criterios a tomar en cuenta.
Para poder enfrentar un problema de manera eficaz es necesario contar primero con un diagnóstico riguroso. En el caso de la situación de inseguridad en el país resulta imprescindible conocer las razones precisas de los homicidios, para entonces darles una respuesta a la medida.
Aclarar todos los matices entre los fallecidos permitirá hacerle justicia a las víctimas. Suficientes han sido casos de los inculpados inocentes y de ciudadanos confundidos con criminales como para aprender la lección.
Pero también debe tenerse en cuenta que la vida humana es intrínsecamente valiosa. De ninguna manera tendrá que usarse la categorización de supuestos muertos criminales para presumir algún avance en la lucha contra la delincuencia. Como ya lo ha dicho el presidente Calderón: lo que legitima la fuerza del Estado es su actuación basada en la legalidad y la moral. La muerte de personas, quienes quiera que sean, no puede nunca ser una buena noticia.
Restan más de diez meses de gobierno en el presente sexenio. Pueden hacerse muchas cosas todavía para ajustar la estrategia -lo que sea necesario- para que la violencia disminuya sin claudicar en la tarea de perseguir el delito.
Hay pendientes por hacer en materia de prevención de adicciones, recuperación de espacios públicos, ocupación para jóvenes en situación vulnerable, entre otras medidas, para evitar que los asesinatos ocurran en primer lugar.
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