Locatarios del “Gustavo Díaz Ordaz” alegan 70% en pérdidas

Locatarios del “Gustavo Díaz Ordaz” alegan 70% en pérdidas

El exceso de ambulantes ha ocasionado que las ventas al interior del mercado Juan Sabines, al que los locatarios prefieren seguir llamando “Gustavo Díaz Ordaz”, disminuyera hasta un 70 por ciento, por esta razón los locatarios se han visto obligados a salir también a las calles principales, “no porque estemos de acuerdo con el ambulantaje, sino como una forma de protesta para que las autoridades den solución al problema”, indicó Isabel Nangusé Tondopó, secretaria general del mercado.

Fue hace una semana que los locatarios organizados determinaron salir a las calles también y tienen la intención de quedarse ahí hasta que les sea cumplido los que las autoridades prometieron: un centro libre de ambulantes y espacios para que éstos puedan trabajar dignamente.

Si bien las ventas han incrementado un poco desde que salieron a las calles, quedarse afuera no se plantea como una solución ya que significaría más personal (porque los compradores siguen buscándolos en sus locales).

La única calle que ocupan es la 4 Sur desde 1 Oriente hasta 1 Poniente, pensaron en algún momento ocupar también la Calle Central pero en consideración al tránsito vehicular y a la seguridad del peatón se abstuvieron.

Los locatarios informaron que esta es la primera vez que toman este tipo de medidas ante el silencio y falta de interés de las autoridades por resolver el problema. Antes de ocupar las calles mencionadas la situación se había tornado crítica: varios locatarios vendieron y otros rentaron sus espacios a falta de ventas.

“Mari” que vende pescado ahora en una de las entradas del Mercado Juan Sabines, señaló que hará cinco años que administraciones pasadas fueron más flexibles con los vendedores ambulantes al proporcionársele permisos para productos comestibles y esto devino en lo que ella calificó como “plaga”.

El problema no solo es para los locatarios, ya que se ven más afectados los indígenas, los más pobres, los que venden fruta porque se les pudre, así también el consumidor que compra comestibles asoleados, sucios y en mal estado que se vuelven potencialmente peligrosos para su salud.