Londres: alerta mundial

"La compartible alegría de los ingleses por la designación de Londres como sede de los Juegos Olímpicos del 2012 fue súbitamente empanada por cuatro bombazos terroristas que cimbraron el centro de la capital del Reino Unido y dejaron varias decenas de muertos, centenas de heridos algunos de ellos fracturados, quemados y mutilados y una ambivalente sensación de dolor, indignación y condena.

El mundo civilizado rechaza la fuerza ciega y destructiva del terrorismo, del mismo modo que debe oponerse a las guerras de intervención y propugnar una convivencia sin abismales diferencias de vida entre las sociedades que lo tienen todo y comunidades que de todo carecen.

La brutalidad terrorista quebró de golpe el ritmo normal de la gran ciudad y segó la vida de personas inocentes que iban o venían de estudiar, trabajar o pasear.

Usuarios habituales del Metro londinense y de los rojos autobuses de doble piso de la capital británica fueron el flanco vulnerable e inocente que los autores del acto terrorista escogieron con todas las agravantes de premeditación, alevosía y ventaja.

Un negociador estadounidense del grupo de los siete países más industrializados, más Rusia (G-8), cuyas cumbres suelen provocar acciones de protesta en todos los lugares donde se reúne, dijo que los gobernantes de Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Japón, Canadá y Rusia ""recibieron la noticia con un renovado sentimiento de determinación para producir resultados que demuestren el compromiso para ayudar a los seres humanos y aliviar la pobreza"".

Si esto es cierto, ello estaría a tono con la idea de aspirar a relaciones internacionales de mayor justicia, para así eliminar las posibles causas desesperadas que suelen impeler a los fundamentalistas a conductas demenciales, sin explorar las múltiples opciones que ofrecen el diálogo y la negociación como formas racionales, adecuadas y deseables de plantear y resolver nuestras diferencias, por muy hondas que éstas puedan ser.

En una atmósfera de buena voluntad, frecuentemente es dable descubrir más afinidades, puntos de coincidencia y comunidad de intereses que en un clima de brutal hostilidad, de olvido de las normas elementales del respeto a la vida de quienes no sólo no son combatientes, sino que quizás puedan simpatizar con la buena causa si la hubiese de sus verdugos. Así de absurdo es el terrorismo.

La explicable consecuencia de estos ataques criminales e indiscriminados contra civiles son, en Estados Unidos, subir un grado la alerta, a naranja, en el sistema de transporte masivo; en la Organización de las Naciones Unidas, convocar a una reunión urgente del Consejo de Seguridad y en el resto del mundo considerar que todos somos blancos potenciales y que de algún modo deberemos compartir nuestra información y coordinar nuestros esfuerzos para defendernos de los terroristas, identificarlos, frenarlos y llevarlos ante la justicia.

Ojalá que la respuesta a los bombazos de ayer no convierta este episodio en una historia sin fin de golpes y contragolpes cada vez más crueles que la enconen, en lugar de conducirla a una salida definitiva, como hemos visto a menudo.

México, que finca su política internacional en el principio de no intervención, entre otros, tiene bien claro que debe participar en el combate al terrorismo, pero también cree que hay que dirigirnos resueltamente hacia la eliminación de sus causas. (El Universal)

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