Lorenza Corral es una voluntaria del Ecoparque Aluxes que llegó con gran emoción a seguir su pasión en la vida que es la vida silvestre. Apenas siendo alumna de preparatoria, se aventuró a viajar por primera vez sola en un avión, a un lugar que no conocía, a medio país de distancia de su conocido más cercano, sabiendo que al llegar al hostal donde se hospedaría, tendría que cuidarse sola.
Su amor por la vida animal, habría de llevarla al municipio de Palenque, sede del proyecto Aluxes Ecoparque, que tiene como propósito fungir como un centro de conservación, rescate y reintegración de especies en peligro de extinción.
Voluntariado
Lorenza participaría en el voluntariado durante un mes, por lo que emocionada comenzó su jornada. “Caminé hacia la entrada de empleados, siguiendo a los trabajadores hacia un pequeño edificio donde entre y me recibió la directora, me presentó con todos y después me dejó con uno de los biólogos para que me diera un recorrido por el lugar, sentí que estaba entrando a un sueño, apenas escuchaba al biólogo, estaba en un trance, ¡era un lugar increíble!”.
Durante su estancia, la joven pudo estar en contacto con todo tipo de especies y aprender más de la labor que se realiza dentro del ecoparque para su conservación.
“Vivimos en un mundo donde todo cambia rápido y la vida en este lugar necesita cada vez más de nuestra ayuda; existen animales que ya no podrían sobrevivir si no fuera por nosotros pero la humanidad es como una moneda, tenemos dos caras: la buena y la mala. Y por cada cosa en la que hemos ayudado, destruimos otra, por cada especie que hemos salvado, erradicamos a otra”, manifiesta.
Corral expresa que no ha sido su primer experiencia como voluntaria, antes ha estado en otros parques en donde vio la crueldad que los seres humanos pueden tener hacia los animales y, en contraste, la bondad y el amor que que hay en persona que -como ella- han puesto todo su esfuerzo por rehabilitar a aquellos animales que llegan a estos centros con lesiones.
“Hay algunas historias que me han impactado más que otras. Por ejemplo, Catazajá y Haal son dos manatíes que viven en el parque, ellos vienen de un sistema lagunar llamado Lagunas de Catazajá que en época de lluvias están conectados, por eso, los manatíes que viven ahí pueden pasar sin problema de una laguna a otra, pero en época de secas las lagunas de separan y muchos manatíes se quedan varados. Ese fue justo el caso de Catazajá, cuando el personal del parque fue por ella la encontraron con un pulmón colapsado, graves quemaduras por el sol en la espalda y estaba constipada porque había ingerido plástico viviendo en la laguna. La historia de Haal es muy diferente, él llegó a Aluxes en una hielera, con un mes de edad y una herida en el costado”, mencionó.
Lorenza rememora sus experiencias en Aluxes, un lugar en el que pudo desarrollar y vivir de cerca su verdadera pasión.
“La primera vez que un animal indefenso, herido y enfermo cayó en mis manos, me di cuenta de que esa vida dependía de mí, cambió mi manera de ver el mundo; ver después a ese animal sano, jugando y feliz me hizo dar cuenta de que ya volvería a ver el mundo de la misma manera, es un sentimiento indescriptible”, dijo.
Habiendo finalizado la preparatoria y en espera de entrar a estudiar la carrera de Veterinaria, Lorenza recomienda tomar conciencia del mundo que nos rodea, a enamorarse de él.
“Enamórate de un animal o si estar con animales no es lo tuyo, enamórate de las plantas, haz campañas, toma conciencia trabaja con gente, enséñales. Sé parte del cambio o genera uno. Que las cosas empiezan por ti, no esperes a que alguien más haga lo que tu puedes hacer”, finalizó.












