"Heriberto Ortiz * CP. El grueso social del estado padece una deplorable calidad de vida, derivada del insuficiente efectivo circulante en el estado; toda vez que los 49.50 pesos que devengan por jornada laboral el 60% de la población económicamente activa, ha generado un clima de incertidumbre y escasez, sobre todo en las zonas rurales.
Y es que en un estado como Chiapas, inminentemente agrícola, las alternativas de subsistencia están siendo ""asesinadas"" por el modelo de desarrollo económico neoliberal, el cual entrega las zonas productoras al extranjero y arremete las políticas públicas para la protección del campo, senaló el maestro en economía, Julián Gutiérrez Argüello.
El también experto en economía agrícola, senaló que dentro de los grupos sociales, la existencia de ""ricos y pobres"" es insalvable; sin embargo, en Chiapas hay cada vez menos ricos -que son cada vez más ricos- y en contraparte la pobreza extrema avanza a pasos agigantados.
Esto es derivado -entre otras cosas- de una incorrecta medición y autorización por parte del Estado de salarios mínimos; puesto que en la entidad miles de chiapanecos devengan un salario mínimo que no permite cubrir las necesidades básicas del trabajador promedio.
Es decir, los chiapanecos ganan diariamente menos de lo que gastan.
Situación que a mediano plazo representaría una ruptura en el equilibrio social, puesto que los salarios son tan mermados que la delincuencia, asesinatos, robos y demás arbitrariedades, se convertirán en el ""empleo del futuro"" para los pobres.
Ante tal amenaza no existen, cárceles, penas, ni castigos suficientes. Si no se solucionan las carencias que arremeten contra la mayoría de los chiapanecos, es inevitable que la delincuencia se apodere del territorio local.
Como referencia, el investigador senaló que de acuerdo a diversos estudios, entre ellos conteos especializados del Instituto Nacional de Geografía Informática y Estadística (INEGI), en Chiapas, alrededor del 42 por ciento de los indígenas no tienen ingresos económicos preestablecidos, ganan lo que ""sus tierras les da"".
En tanto que otro número igual percibe ingresos por abajo del salario mínimo, lo que significa que el 84% de la población indígena sobrevive con ingresos por debajo del sueldo mínimo, sentenció el experto.
Por otra parte, en la realidad urbana, miles de familias chiapanecas carecen de servicios básicos, tales como acceso a salud y educación, derivado de las carencias en los bolsillos familiares. Ya que al menos el 60% por ciento de los chiapanecos gana un sueldo mínimo diario.
Las alzas en la canasta básica, enseres escolares, vestido, luz, agua, etcétera; están enteramente desproporcionados a los ""aumentos"" en la cotización de los salarios mínimos.
María
-No quiero que me regalen nada, sólo pido lo que por ley constitucional me corresponde: acceso a salud, alimentación, educación. Eso manda la Constitución, es el derecho de todos los mexicanos y el gobierno es incapaz de otorgar; transgrede mis derechos constitucionales esenciales. Senala María Asunción, tuxtleca de 54 anos de edad y madre soltera de 4 hijos.
María, trabaja como empleada de mostrador de una comercializadora de ventiladores industriales. Devenga 350 pesos semanales, es decir, 50 pesos diarios. Dinero que tiene que racionar entre comida, transporte, vestido, educación y salud, para ella y sus tres hijos menores.
Situados en esta plataforma, enfermarse, asistir -algo más que eventualmente- a la escuela, comer algo que no se llame y cueste como frijoles, resulta un ""lujo"" innecesario.
Y es que, en promedio, la familia de María gasta diariamente unos 32 pesos en pasajes -la mujer está empecinada en que sus tres vástagos asistan a la escuela- y el resto en comida. Es decir, la familia de María solamente sobrevive para trabajar y apenas tiene tiempo para vivir una calidad de vida que raya en el sub-mundo de la esclavitud moderna, la cual se tine de distintos colores. El de la ignorancia y falta de interés de las cúpulas políticas es una de ellas.
Así pues, como María, miles de chiapanecos se enfrentan a la realidad diaria de tener que afrontar las continuas alzas económicas -disfrazadas de reformas- que a diario atormentan la vida de los pobres de siempre.
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