Los comicios del PRD

El proceso de selección interna que celebrará manana el Partido de la Revolución Democrática (PRD) en el Distrito Federal, para elegir a quien será su candidato a la Jefatura de Gobierno capitalino, es una buena oportunidad para que dicho instituto político prestigie sus métodos democráticos y supere, de una vez por todas, viejas prácticas divisionistas que, lejos de obrar en favor de la cohesión partidista, colaboran a fragmentarlo. La campana en la que participan Marcelo Ebrard y Jesús Ortega ha sido enconada, polémica y llena de lo que parece ser gran vitalidad partidista. Sin embargo, la conformación del PRD, sustentada en corrientes, ha propiciado en comicios internos anteriores, amargas experiencias por el desborde de sus grupos, quienes muchas veces han recurrido a métodos cuestionables para orientar en favor de uno u otro candidatos la voluntad general de la militancia perredista.

La ciudadanía espera de todos los partidos procesos internos limpios, transparentes y democráticos. Más aún, la sociedad no quiere ver espectáculos bochornosos el día de la elección, prácticas ilegales, o acusaciones mutuas de corrientes y candidatos descalificando el proceso. Ningún candidato podrá ser competitivo o tener un mínimo de legitimidad, si surge de procesos amanados o impugnados, o si es producto de fraudes y trampas.

Por eso es importante que la jornada de manana sea nutrida, participativa y, sobre todo, pacífica. Nada hará tanto bien a los comicios de 2006 que el PRD igual que los demás institutos políticos sepa dirimir sus diferencias en las urnas y, después, unirse en torno de los candidatos electos por la mayoría de los militantes. Ya no valen los fieles de la balanza ni los caudillos partidistas que, con su opinión, suplían la voluntad de las bases militantes. Ya hay muchas formas en las que la ciudadanía puede estar pendiente de lo que sucede en el interior del PRD.

Este partido ha gobernado el Distrito Federal desde diciembre de 1997, gracias a reformas jurídicas previas, que poco a poco le fueron otorgando a la ciudad figuras políticas cada vez más autónomas, como la de jefe de Gobierno electo, en lugar de la de regente nombrado por el Presidente de la República. Asimismo, se han dado avances nada despreciables en materia de Congreso local, que iniciara siendo una Asamblea capitalina y ahora cuenta con diputados locales que, si bien no tienen atribuciones legislativas plenas, conforman algo muy cercano a un Congreso estatal. Esta transformación jurídica de la estructura de gobierno capitalino ha ido de la mano de una ascendente vitalidad social, que ha viajado en paralelo con los gobiernos perredistas. No obstante, precisamente por esos avances democráticos es que ahora la competitividad partidista capitalina es amplia y diversa, de tal manera que nada garantiza el triunfo al PRD en 2006, por más que las encuestas los coloquen, de momento, como el partido favorito de los capitalinos. Depende del propio PRD, por sus comicios de manana, que la ciudadanía les garantice más tiempo al frente de la ciudad o les retire su confianza.

En su calidad de partido mayoritario en la capital de la República, el PRD tiene la obligación de comportarse de manera civilizada en su jornada de manana, a riesgo de que, de no ser así, la ciudadanía recibirá un mensaje de incapacidad democrática, que no sólo lo afectaría en los comicios capitalinos del próximo ano, sino que acabaría danando a su candidato a la Presidencia de la República. (El Universal).