Los diez puntos de Fox

El mundo vive una crisis permanente de energéticos. Petróleo, electricidad y gas son bienes cada vez más escasos y los países comienzan a padecer esta situación, porque no se han desarrollado por completo formas alternas de energía renovable, lo que amenaza con un futuro apocalíptico y de fuertes presiones para mantener los actuales niveles de consumo, sobre todo en los países desarrollados, donde el gasto energético alcanza niveles de dispendio y derroche.

Por lo pronto, los precios del petróleo se encuentran a niveles muy altos, pocas veces vistos en la historia, lo que ya impacta a las economías del mundo, haciendo más lento su desarrollo y acendrando la pobreza en las naciones que dependen de fuentes de energía foráneas.

El panorama es menos esperanzador si se unen eventualidades climáticas, como la sucedida recientemente en el sur de Estados Unidos, a causa del huracán Katrina , que afectó las plantas de refinación de petróleo de la que se sirven ese país e incluso México. Por este meteoro, los precios del gas natural aquí se dispararon más de 70%, lo que pone en evidencia la vulnerabilidad de nuestro abastecimiento energético. EU es el proveedor de gas más cercano, pero el más caro.

Ante esta coyuntura, el presidente Vicente Fox dio a conocer un decálogo con directrices para ajustar la política energética a la actual circunstancia. De los diez puntos anunciados ayer, una buena parte se refieren a fijar precios de gas natural, limitar a 4% el aumento en las tarifas de electricidad y en el precio de gas LP, de uso doméstico, de mantener subsidios de 28% al gas natural de uso doméstico y de apoyos similares a las empresas medianas y pequenas.

De esta forma, usuarios industriales y domésticos estarán amparados por subsidios y no quedarán expuestos a los caprichosos vaivenes del mercado internacional.

Otros dos puntos del decálogo hablan de diversificar las fuentes de suministro de gas natural, en lugar de tener un solo proveedor, y de ampliar y renovar las fuentes de energía. La prudencia económica reza que nunca es recomendable apostar todo a un solo proveedor, y dichos puntos deberán ser atendidos a cabalidad.

Los puntos quinto y sexto anuncian sendas iniciativas de reformas constitucionales que permitan complementar la inversión pública con la privada en la exploración, explotación y actividades relacionadas con el gas natural no asociado al petróleo, así como apoyarse en capitales privados para dar mantenimiento a los ductos que corren por todo el país, y que han sido focos de inseguridad en distintas entidades.

Las propuestas, así planteadas, son sobre todo pragmáticas, las cuales, muy seguramente, chocarán con principios y algunos dogmas de partidos políticos de oposición y legisladores. La cuestión es valorar qué nos conviene: mantenernos atados a prejuicios ideológicos, lo que significa mantener el actual modelo energético, o bien analizar, todos juntos, los pros y contras de esta propuesta con el fin último de llegar a conclusiones que sean valiosas para nuestro país, para la economía nacional y, por supuesto, para la economía doméstica de los mexicanos.

Aún es tiempo de que el Congreso de la Unión y el Ejecutivo federal encuentren puntos de coincidencia, pensando en el beneficio general y no sólo en la descalificación, bajo toda circunstancia, del adversario político.

Es tiempo, ya, de que el asunto energético se tome con el cuidado que merece y que tanto el Poder Ejecutivo como el Legislativo actúen en función de los intereses nacionales y no de caprichos electoreros circunstanciales. (El Universal)