Los diputados ante la opinión pública

Una encuesta nacional contratada por el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP) de la Cámara de Diputados revela que 74 por ciento de los mexicanos consultados están en desacuerdo con el trabajo de los diputados federales. La percepción general así lo indicaba, pero es bueno que los diputados se hayan preocupado por averiguarlo mediante este útil recurso.

Esto es muy preocupante. Si bien la Cámara de Diputados, para el público, es una masa amorfa que no siempre deja en claro las razones de sus decisiones, hoy no puede menos que sentirse avergonzada ante la rotunda descalificación que le adjudica la ciudadanía. Son tiempos muy difíciles para el país y los diputados tienen la enorme responsabilidad de mejorar su mala imagen que puede convertirse en una bola de nieve.

En efecto, los diputados no han sido muy favorecidos por la opinión pública. Antes, porque eran sumisos aquiescentes del omnipotente jefe del Ejecutivo, y de todos los demás poderes. Ahora, porque sin el peso de una autoridad política aplastante, actúan sin una línea clara para los ciudadanos, que observan cómo a veces las votaciones las ganan PRI y PAN, y otras PAN y PRD, o éste con el primero.

Quizás también porque han llegado a ser sorprendidos cuando grupos de particulares los halagan para que acomoden las leyes al servicio de intereses privados antes que a los de la nación. Fueron sonados los casos recientes de las cigarreras que buscaron evitar alzas de impuestos, y el de las reformas a la Ley Federal de Radio y Televisión, en las que las televisoras resultaban ampliamente favorecidas por los diputados.

Los diputados sin rostro no se ven, pero se sienten cuando conceden el voto a los mexicanos que residen en el extranjero, cuando manipulan procesos de desafuero para sacar ventajas electorales, cuando favorecen desmedidamente con facultades, recursos y privilegios a los partidos políticos a los que se deben -no a los votantes- y cuando han aplicado reasignaciones presupuestales para fines no creíbles.

Los diputados, bendecidos por sus partidos desde que son candidatos, asumen que es con éstos con quienes están comprometidos, en primer lugar. Por eso es difícil que hagan algo para cambiar el sistema político de modo que afecte en lo mínimo a sus propios partidos.

La verdad es que no se puede medir a los integrantes de la Cámara Baja con el mismo rasero, porque hay de todo. Pero la encuesta es general sobre la Cámara de Diputados. Los encuestados no pueden distinguir entre un buen diputado y uno que lo es nominalmente. No todos van a los reality shows, pero tampoco todos se entregan a su trabajo con pasión, deseosos de entender los problemas para contribuir a su solución, conscientes de que tienen una inmensa responsabilidad como formuladores de leyes y que deben saber eludir las seducciones de quienes los procuran para que sirvan a sus personales intereses.

Los diputados tienen todo en su favor para que su conducta considere sobre todo los intereses nacionales. Hasta se les ha concedido constitucionalmente un fuero para protegerlos de represiones políticas.

Con urgencia, los diputados necesitan que la opinión pública sobre ellos sea mejor. Pero ello no puede ser gratuito. Tienen que ganarse el respeto y la estimación de quienes los eligieron confiando en que serían legisladores dignos.

Es bueno que los diputados tengan interés de conocer la opinión sobre su desempeno. Esta encuesta debe servirles mucho. Es de esperar que sean sensibles a la expresión ciudadana y que la aprovechen. También queremos enorgullecernos de nuestros legisladores. Ver que dan la batalla por nuestras causas, no que se inclinen ante los poderosos, como los grandes consorcios de la televisión. (El Universal).