La llegada de la democracia en México y Espana reflejó una crispación inicial. La Moncloa la resolvió con acuerdos terrenales: impuestos y civilidad política. Nosotros estamos en eso, pero puede que alguna fibra histórica se haya tocado estos días en Los Pinos y en San Lázaro con la visita del equipo de José Luis Rodríguez Zapatero. El ejemplo espanol de la mano extendida y el afilado lápiz para hacer cuentas por encima de enemistades asomó.
Giro evidente y oportuno el de ayer de Felipe Calderón Hinojosa para abrir la puerta al diálogo con Marcelo Ebrard. El Presidente de la República ofreció al jefe del Gobierno del DF buscar soluciones conjuntas a problemáticas serias de la ciudad con base en trabajo y entendimiento, sin reclamos y vituperios mutuos.
México no vivió por fortuna una guerra civil como la que padeció Espana, pero los enconos derivados de la contienda política del ano pasado se han prolongado más de lo debido.
Responsables de abandonar las trincheras son todos. Enemigos acérrimos forjaron un espacio común en Espana a la muerte de Franco; si la visita de Estado nos lo recordó a todos, bienvenida sea.
En Espana se tejió la transición democrática desde muchos frentes, uno básico fue el del Parlamento, tanto que ahí mismo un golpista intentó infructuosamente revertir el proceso.
Es por ello que consideramos tan importante el ejercicio negociador que actualmente se desarrolla en San Lázaro respecto de los asuntos del erario público.
Un foro fiscal mostró que hay mucho que refinar en la propuesta de reforma enviada por el secretario de Hacienda, Agustín Carstens.
Lo único claro es la necesidad del gobierno federal para recaudar más -hasta un 30% adicional de lo que actualmente recauda- y el reconocimiento de todas las fuerzas políticas de que la evasión actual es insostenible.
De ahí se parte. Legisladores, fiscalistas y empresarios convocados por este diario coincidieron en que se hará el pertinente análisis técnico antes de aprobar cualquier modificación.
La Contribución Empresarial de Tasa Única (CETU) y sus consecuencias nacionales e internacionales serán revisadas bajo el principio de transparentar para qué se quiere más dinero, idealmente para invertir en prioridades nacionales como Pemex, no para cuenta corriente y burocracia que pide sacrificios sin hacerlos.
Lo que se rescata en todo caso es el diálogo edificante entre los diferentes.
Hay muchas asignaturas pendientes en el tema, pero el ejercicio cotidiano de rendir cuentas por tanto a las posiciones que se sostienen demostró que es posible sacar adelante un diálogo franco, sincero, plural y de alto nivel técnico de parte de todos los actores políticos y económicos del país.
Es por eso que no nos queda duda alguna de que los impuestos son política: representan la viabilidad o no de una nación, el que pueda recaudarse sí, pero también redistribuirse al tiempo que se genera crecimiento con inversión. Espana ha tenido gobiernos de derecha y de izquierda en estas tres décadas pasadas, que de igual manera han cuidado la hacienda pública. (El Universal)











