"Muchos anos después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo . Tal es la primera frase del libro Cien anos de soledad , de Gabriel García Márquez, que hace 40 anos formó parte de un movimiento literario genuinamente latinoamericano que ayudó al florecimiento de una industria editorial de altos vuelos, que hoy desfallece.
Comienzan las conmemoraciones de un triple aniversario: las cuatro décadas de la primera edición de Cien anos de soledad, el 25 aniversario de que su autor recibiera el Premio Nobel de Literatura, y los 80 anos de edad del colombiano que dio vida a esa corriente de las letras en América Latina que llegó a ser conocida como ""realismo mágico"", en la que lo cierto y la ficción se entrelazan imperceptiblemente, teniendo como argamasa un lenguaje vasto, cuya sonoridad y potencialidades fueron llevadas al extremo, dentro de situaciones y escenas inequívocamente regionales.
García Márquez se alzó como símbolo de las letras latinoamericanas, que ya tenían en el horizonte a Rulfo, a Cortázar, a Carpentier, a Vargas Llosa, a Borges, a Lizpector y a Onetti, entre muchos otros. Con ellos la literatura de nuestros países adquirió dimensiones universales, al cautivar públicos otrora ajenos a nuestra cultura, en Europa y en Estados Unidos.
Buenos literatos generaron buenas editoriales. En los anos 60 se conjugó felizmente esta naciente camada de escritores con una industria editorial enriquecida por exiliados espanoles que en toda América Latina, lado a lado de empresarios locales, establecieron una amplia red de impresión y distribución que ayudó a que el boom fuera explosivo y, sobre todo, masivo.
Con él se formó una generación de lectores a partir de la cual se reafirmó un fuerte sentido de pertenencia e identidad regional, configurando un imaginario colectivo liberal y solidario.
Esta generación de hombres y mujeres libres fue la que ofreció resistencia a las dictaduras y gorilatos que, una década después, ensombrecieron a la región y la desviaron de su episódico cauce democrático.
Literatura y revolución fueron durante aquellos anos casi sinónimos. No en balde Gabo sigue siendo amigo del presidente cubano Fidel Castro, a contrapelo de la precariedad de las libertades de expresión en la isla.
América Latina no ha dejado de producir escritores de talla mundial; sin embargo, con la caída del Muro de Berlín y el advenimiento de la globalización, lo que sí ha menguado es nuestra industria editorial, de tal suerte que las lecturas hoy se encuentran guiadas por quienes tienen el poder económico para absorber pequenas editoriales latinoamericanas y controlarlas desde las metrópolis, con criterios de comercialización dominados por los manuales de autoayuda y novelas maquiladas bajo receta. El Fondo de Cultura Económica, editorial del Estado mexicano, es una honrosa excepción a esta regla.
El festejo a García Márquez nos recuerda que alguna vez tuvimos una industria latinoamericana editorial fuerte, que debe retomar el control de su destino. A 40 anos de la epopeya de Aureliano Buendía necesitamos, como nunca, más Macondos. (El Universal).
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