"Decir que estamos en guerra contra el crimen organizado no es un capricho retórico ni es un asunto exclusivo de policías y ladrones. Todos los sectores del país desempenamos un papel y hemos tenido que aprender a ser éticamente responsables frente al avance de la violencia. Los medios de comunicación no pueden ser la excepción.
Cuando un cártel del narcotráfico pone una manta en una avenida para acusar de corrupción a una autoridad, su mensaje tendrá impacto en relativamente pocas personas; por sí mismas las herramientas de comunicación de los criminales son muy limitadas. Sin embargo, si un periódico, televisora o radiodifusora transmite el contenido de esa manta, logra que los criminales cumplan con su cometido: incidir en el ánimo de la sociedad o, peor, en la opinión pública.
zCuánta credibilidad estamos dispuestos a darle a un grupo criminal? No hay que olvidar que en la etapa actual del tráfico de drogas los capos de corte ranchero han sido sustituidos paulatinamente por ex militares entrenados en la manipulación de la información. Como cualquier ejército, los cárteles del narcotráfico saben que en un conflicto armado la propaganda es clave para inclinar la balanza en favor de una de las partes. Por ello en Italia y Colombia los medios acordaron no seguir el juego de los delincuentes. Así, la sociedad identificó con claridad quiénes eran las amenazas.
Aunque pueda haber sectores sociales que consideren este conflicto un asunto exclusivo de la autoridad, los criminales sí tienen como estrategia incidir en la gente. Qué mejor prueba que las manifestaciones pagadas en el norte del país para exigir la retirada de los operativos federales.
Recordemos el 15 de septiembre pasado. Después de que explotaron en Morelia varias granadas a mitad de una plaza llena de civiles se apresuraron los criminales a deslindarse del atentado y sacaron sus mantas para acusar a sus rivales narcotraficantes del hecho.
Todo lo ocurrido en el último ano nos confirma que la necesidad de la delincuencia organizada de contar con cierto nivel de aprobación social -para mantener sus márgenes de impunidad- coincide con las ansias de las empresas informativas de obtener televidentes, audiencias y lectores.
Frente a esa fría realidad en que las leyes del mercado se empatan con la estrategia criminal, sólo un pacto por la seguridad como el que firmamos varios medios de comunicación en Palacio Nacional puede terminar con el círculo vicioso. Lamentablemente no todas las empresas de información lo firmaron ni todos lo cumplieron. Eso explicaría que las llamadas narcomantas se mantengan e incrementen en el país.
Apenas ayer se registraron en todo el país al menos 25 mantas atribuidas a los cárteles de la droga. En la edición de ayer de varios medios de comunicación usted podrá escuchar, ver y leer los mensajes del narcotráfico, con lo cual se le hará un favor más a los delincuentes.
Hay que desterrar la idea de que ésta es una guerra concerniente únicamente a sicarios y policías. Los cárteles de la droga buscan culpar a otros de la violencia en el país, pero tan sólo en este ano han acribillado a más de 152 ninos, mujeres, jóvenes y hombres inocentes.
A las víctimas se suman comerciantes extorsionados a cambio de ""protección"", estudiantes secuestrados, mujeres prostituidas, esposas, hijos e incluso bebés ejecutados por ser familiares de miembros de bandas rivales. Esos verdugos buscan la aprobación social.
Financian fiestas en poblados y pagan infraestructura en otros mientras torturan y matan a miles de mexicanos.
El crimen organizado ha crecido también por la complicidad y la negación de algunos que, aun sin desearlo, dan voz a quienes piden dinero a padres de familia a cambio de no asesinar a sus hijos. (El Universal)
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