La existencia de jueces alcohólicos, paranoicos, hostigadores sexuales y al servicio de los narcotraficantes, ya separados de sus cargos, han llevado al Consejo de la Judicatura Federal a encargar a la Facultad de Psicología de la UNAM la aplicación de pruebas de personalidad a los aspirantes al cargo, para tamizar la selección.
En febrero, 87 aspirantes a jueces fueron sometidos a las pruebas, disenadas con parámetros internacionales, para determinar si son aptos para el cargo, recomendables o no recomendables, que son los tres resultados previstos. Las evaluaciones serán conocidas durante el mes que corre por el Consejo de la Judicatura, y esperamos que las hagan públicas, por su máximo interés.
Por supuesto, no se trata de una réplica de los head hunters, los cazadores de talentos contratados hace seis anos para escoger el gabinete presidencial, pues ahora el objetivo es buscar integridad, personal y profesional. El esfuerzo es estimable, aunque creemos que el énfasis debe ponerse en el sometimiento al Código de Ética del Poder Judicial de la Federación para lograr jueces que produzcan resultados irreprochables.
Tenemos asociada la figura del juez con la probidad y la autoridad, con independencia de que la realidad nos confronte diariamente con el hambre y la sed de justicia que se han identificado como los mayores problemas nacionales. La carencia de justicia, que es decir, la impunidad, es la más eficaz promotora de la delincuencia, que ha alcanzado niveles de organización y profesionalismo alarmantes.
Con seguridad las causas del problema no radican exclusivamente en el seno del Poder Judicial, pero si no se combaten las que allí han sido detectadas, difícilmente progresaremos en la consolidación de un verdadero sistema de justicia, confiable y respetable.
Ya van a ser dos anos de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación, el Consejo de la Judicatura Federal y la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación aprobaron un Código de Ética que proclama como requisitos de sus miembros, en el ejercicio de su función, los principios de independencia, imparcialidad, objetividad, profesionalismo y excelencia. La decisión de un juez entrana efectos trascendentes para las personas, su buen nombre, su patrimonio y su futuro. Nada es más sano para la sociedad que una resolución justa ni nada es más pernicioso que una conculcación del derecho que hace nuestra convivencia civilizada.
Es inconcebible un juez que desde la cima de su poder jurídico y social pretenda llevar a cabo actos que van contra la esencia de su función. Su probidad debe ser una regla inconmovible en cada uno de sus actos. Asimismo, es deleznable dejar la justicia en manos de un corrupto, alcohólico, vicioso o perturbado mental. Las pruebas psicológicas pueden tener allí una función de filtro que impida surgir las impurezas.
Sin embargo, la cuestión que sigue siendo toral es el manejo impecable, prístino, de la ley que nos rige. Seguramente hay más medidas que tomar además de la divulgación de las reglas de la ética, que es decir de la moral. La estructura y los procedimientos judiciales deben ya ser puestos al día, en la opinión de muchos analistas aquí publicada, para dar transparencia a la función judicial, para abrir los procesos al público, sin detrimento de las buenas famas ni de las pesquisas, y para confirmar que el buen juez no es la excepción en México, sino la regla. (El Universal)











