Los otros discriminados

"Hay miles de cosas grotescas que no son humorísticas, dice el escritor Jorge Ibargüengoitia. ""Si un hombre se va a sentar en una silla y alguien se la quita, podría ser gracioso, pero si en cambio se trata de un elevador que no está, y se abre la puerta, la cosa toma otra dimensión"". Causar dano físico o moral a una persona que está en una condición de desventaja frente a discriminadores no tiene ninguna gracia; es grotesco. Peor cuando la víctima es exhibida en cadena nacional.

Tal es el caso del programa de televisión Hazme reír y serás millonario, en el que un par de conductoras ridiculizaron a un hombre en evidente situación de vulnerabilidad. Lo desnudaron como condición previa para otorgarle un trabajo y, peor aún, lo obligaron a exhibirse en ropa interior por los corredores de la televisora, primero, y después frente a los telespectadores.

Recordemos que son los medios de comunicación los que tienen mayor potencial para reproducir creencias, conductas y referencias culturales. Imitarán lo que aparezca en la pantalla quienes, como los ninos, carezcan de los elementos de juicio para distinguir entre ofensa y comicidad.

Lo único positivo de este episodio fue que despertó el intuitivo sentido ético de la audiencia. Después del escándalo, quizá el público tome conciencia sobre las formas que ha empleado la industria del entretenimiento contra todos los grupos vulnerables: mujeres, homosexuales, pobres, gente con sobrepeso y personas con discapacidad.

De la misma manera como fueron senaladas las ""comediantes"" que ridiculizaron a un hombre en una situación asimétrica de poder, en condición de desventaja, en el futuro deberemos enjuiciar públicamente a quienes busquen ganar ratings abusando de la vulnerabilidad de los semejantes. Así, la programación televisiva, que hasta ahora ha sido inmune a cualquier crítica pública, será cambiada por el único poder capaz de doblegarla: la audiencia. (El Universal)

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