Los que llegan y los que faltan

Todos sabemos el reto que implica armar un buen equipo. El presidente electo, Felipe Calderón Hinojosa, adelantó ya las características que busca en sus nuevos colaboradores e hizo lo que parece ser una primera selección para la Secretaría de Hacienda, con Agustín Carstens, quien de otra manera difícilmente hubiera renunciado a la subdirección administrativa del Fondo Monetario Internacional (FMI) para incorporarse a la transición.

El movimiento envía una oportuna senal de tranquilidad a los poderosos mercados financieros. Carstens fue subsecretario de Hacienda y director de Estudios Económicos del Banco de México, antes de actuar en organismos multilaterales. Es, pues, un funcionario que garantiza un manejo técnico diestro, pero también alguien acostumbrado a negociar.

Son válidas las preocupaciones de Calderón para buscar, antes que a los amigos, a funcionarios que sumen competencia profesional, talento político, disposición de servicio público, honestidad y aptitud para trabajar armónicamente, en equipo, sin contradicciones ni esfuerzos dispersos.

Por fortuna, expresó ya su rechazo a acudir a los head hunters; deberá entonces hacer un diagnóstico preciso de cada materia para bosquejar la tarea por acometer y las metas por alcanzar. Es decir, teniendo el perfil del puesto primero, habrá de escoger al funcionario, como parece que ha sucedido en Hacienda.

La Secretaría de Relaciones Exteriores y la de Economía son casos emblemáticos por cuanto nos enteramos hoy de que estudios de la ONU demuestran que México pierde visiblemente Inversión Extranjera Directa que fluye a otros destinos en donde crea empleos.

Hay que dejar de perder terreno en el ámbito internacional, donde el que se mantiene estable resulta rebasado. No es competir por competir, sino lograr el equipo ideal, el que fortalezca el desarrollo social y presente estrategias para atender nuestros grandes problemas en materia de energía, de pensiones, de empleo, educación, salud y seguridad.

Todas las áreas deben estar vedadas para los corruptos, pero en la de Seguridad Pública en particular, su injerencia tiene un pernicioso efecto multiplicador que hay que evitar a toda costa.

Aunque acortado por el conflicto postelectoral, este largo periodo de transición dará paso a todo tipo de especulaciones y será acompanado por una inevitable guerra de nervios.

Ni serán todos los que están, ni están todos los que serán. La experiencia de las transiciones anteriores documenta que varios se quedaron en el camino (2000), o que no todos se sentaron en la silla que ambicionaban (1994).

La estrategia recomendable es avanzar en los acuerdos menos escabrosos y acometer las conciliaciones mayores, con tiempo y laborioso quehacer de negociaciones. Para quien, como Felipe Calderón, ha tenido experiencia reconocida en el funcionamiento parlamentario, la operación es familiar.

Porque una de sus batallas centrales está en la estabilidad de reconfiguración de las relaciones políticas, la composición del gabinete será clave.

Escoger al equipo adecuado será la primera decisión por la que se juzgue su sexenio. (El Universal)