“Para nosotros esta flor de montaña es una flor sagrada, porque la recolectamos en honor al niño Dios, a quien también llamamos Niño Florero. Además, él nos acompaña durante toda la caminata. Es cargado por una persona durante el recorrido por las montañas”, comentó Tomás Nigenda, quien desde hace 21 años es patrón de los floreros, en Chiapa de Corzo.
El 14 de diciembre de cada año, cientos de pobladores de Chiapa de Corzo se reúnen por la tarde en la iglesia de El Calvario para escuchar la misa que los despide, ya que una vez finalizada ésta, se marchan a una de las montañas de la zona Altos en busca de su flor sagrada.
La travesía dura siete días de recorrido a pie. Tras acampar y la recolección de la flor, el regreso se vuelve más prolongado, debido al peso de la carga que lleva consigo cada uno de los floreros.
Es una tradición de la cual no se tiene una fecha exacta de su primera edición. Algunos dicen que tiene orígenes prehispánicos y que al paso del tiempo tomó un sincretismo entre lo precolombino y lo cristiano, otros mencionan fechas de creación mucho más recientes.
“Tiene como 60 años de que conozco esta tradición, y ya existía desde antes; era yo todavía un niño. Mi madre siempre me inculcó que realizara este recorrido, por eso desde muy pequeño me convertí en florero”, dijo Tomás Nigenda, quien desde 1967 realiza el viaje.
Lo cierto es la notoria devoción con la que se entregan los marchantes a los aproximados 70 kilómetros, entre ida y vuelta. La mayoría de ellos lleva a cabo el recorrido por haber realizado una “promesa” al Niño Florero.
Trayecto
El grupo de los floreros, que este año alcanzó un aproximado de 500 hombres, tienen como primera parada un sitio denominado El Rodeo, una vereda que lleva a las faldas de los cerros ubicados en una de las salidas del municipio, donde acampan ya que normalmente arriban a este lugar cuando el sol se ha ocultado.
Cabe destacar que no solo este municipio realiza esta tradición, también se encuentran el pueblo de Acala y Chiapilla, que tienen un número considerable de seguidores.
El grupo de floreros de Chiapa de Corzo no cuenta con ninguna mujer, esto durante todos los años de su realización, según el patrón, por el tipo de convivencia que se suscita.
Sobre la madrugada del siguiente día, los caminantes emprenden el trayecto rumbo a la siguiente parada, llamada Multajó. Es un poblado que pertenece al municipio de Ixatapa. Al llegar vuelven a acampar, esta vez al aire libre.
“Muchas personas creen que todo el recorrido es a pie, pero actualmente no es así, ya que al llegar a Multajó hay unos seis camiones que nos trasladan hasta el último lugar, Mitzitón, donde cortamos las flores”, comentó el patrón de los floreros.
Mitzitón, perteneciente a San Cristóbal de Las Casas, es el último punto del recorrido, donde los caminantes proceden a cortar las flores de Niluyarilu. Todos lo realizan de manera organizada, por grupos que tienen determinado qué área del terreno pueden cortar.
El regreso a Chiapa de Corzo es estrictamente a pie, ya no se permite a ningún florero transportarse en carro. “Ahí es el momento que se demuestra la verdadera devoción”, enfatizó Tomás Nigenda.
Agregó que otro de los objetivos de esta tradición es reforzar los lazos de humanidad y compañerismo, ya que durante toda la travesía se presentan situaciones en las que se tiene que auxiliar a otros o compartir alimentos con quienes ya no tienen.
Incluso el patrón de los floreros intuye que en esta tradición se incluyen personas que profesan una religión evangélica, atraídos tal vez por la curiosidad o por experimentar una situación única.
A pesar de ser una tradición de muchos años, el patrón de los floreros cree que muchas personas que acuden a la caminata la realizan sin verdadera devoción; es decir, sin creer cabalmente en el niño Dios, situación que considera lamentable.
“Muchas personas me preguntan qué se siente realizar este recorrido, el cortar las flores y luego traerlas de vuelta; siempre les respondo que no se los puedo explicar, ya que para saber esto hay que vivir la experiencia”, finalizó Tomás Nigenda, patrón de los floreros.












