Los verdaderos enemigos

"Para bien o para mal, Andrés Manuel López Obrador se ha convertido en un punto de referencia política en México. Sin embargo, su protagonismo y su movimiento son más el síntoma de una enfermedad más profunda que su posible solución.

Ese padecimiento se puede denominar como un conjunto de males crónicos formado por desigualdad, injusticia, pobreza, impunidad y falta de oportunidades que se transforma en racismo y clasismo. Ninguna de esas partes es nueva, aunque juntas forman un coctel potencialmente explosivo.

La antigüedad de los problemas no es un justificante. En casi 180 anos de vida independiente y a pesar de algunos avances importantes, no hemos sido capaces de superar ya no todos sino algunos de los muchos retos que dejaron 300 anos de Colonia y que arrastramos luego durante casi un siglo de guerras civiles.

Y junto al problema socioeconómico, tal vez el peor de los cánceres por erradicar sea el de la sordera política, en la que el protagonismo impide que los mexicanos se escuchen entre sí y quizá hasta lleguen a un acuerdo sobre algún tema.

Porque a fin de cuentas ese es nuestro drama. Los seguidores de López Obrador lo ven como a un nuevo profeta posiblemente porque dice lo que desean escuchar; los adversarios de AMLO rechazan lo que dice de entrada y sin pensar.

Y ese esquema se repite en todos y cada uno de los ámbitos de la vida política mexicana: quienes piensan como yo son inteligentes, honrad@s, cult@s y hasta guap@s. Los que no son zafi@s, vulgares, corrupt@s, idiotas y hasta fe@s. Si dicen lo que yo quiero oír son originales y profund@s; si no, no saben lo que dicen y por tanto no vale la pena perder el tiempo.

Si alguien es del PRI es automáticamente ratero o convenenciero; si alguien milita en el PAN es por ende fascista y persignado. Todos esos adjetivos excluyen por supuesto cualquier posibilidad de que sus propuestas sean coherentes o patrióticas.

Y por supuesto, si alguien es del PRD tiene que ser ""comunista"" o ""extremista"" o seguidor de un individuo mesiánico.

El juego de intolerancias se ve coronado con amenazas, sean éstas contra disidentes o contra los medios de supervivencia del adversario; se ve en el rechazo a conceder valor alguno a propuestas distintas de las propias, a ejercer la disciplina de ""partido"" o el rechazo a dialogar con quienes tienen ideologías diferentes.

En ese marco, la intolerancia y la ira de López Obrador y muchos de sus seguidores son el resultado de esos males profundos y endémicos de la sociedad mexicana. No son nuevos, pero hoy, como hace 20 anos, como hace 50 anos o como hace un siglo, siguen vigentes porque como sociedad hemos sido impotentes o incapaces de enfrentar el cáncer real.

Pero gritos y sombrerazos no son soluciones. Una gran parte de los mexicanos rechaza a López Obrador y sus tácticas y éstos a su vez rechazan a quienes no piensan como ellos. Pero el enemigo no son él ni sus seguidores, por más irritantes que sean.

A final de cuentas, son mexicanos con ideas distintas a las de otros mexicanos. Los verdaderos enemigos son la intolerancia, la ignorancia, la injusticia y la desigualdad. (El Universal)

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