Los voluntarios del volcán

"Cinthya Vasconcelos * CP. Hace 27 anos, él mismo, como parte de su labor de voluntario del grupo diocesano de la Catedral San Marcos, sepultó a decenas de ninos, mujeres y hombres en el Panteón Municipal de Tuxtla Gutiérrez, fallecidos tras la erupción del volcán Chichonal de 1982. Y desde hace 23 anos, ""don Rafa"", se encuentra descansando en un sepulcro, casualmente, en el mismo panteón y rodeado por esas víctimas.

Rafael Sánchez, padre de familia y entonces trabajador de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), fue designado hace exactamente 27 anos por altos mandos de la paraestatal como el responsable de transportar la ayuda distribuida por la Iglesia Católica a los damnificados de la erupción del volcán Chichonal -ubicado entre los municipios chiapanecos de Francisco León y Chapultenango- registrada un domingo 28 de marzo de 1982, a las 23:30 horas.

El desastre natural, de magnitud comparable en el país con el terremoto de 1985, dejó según cifras oficiales, alrededor de dos mil muertes, cientos de desaparecidos, miles de desplazados, y decenas de comunidades aledanas al coloso erradicadas de la geografía estatal.

La noche del 28 de marzo de 2009, la familia S*nchez García, recuerda a manera de relatos reconstruidos, cómo fueron esos días de 1982, cuando se despertaron con una capa de cenizas extendida en el patio de su casa, sobre las plantas, en las tejas de barro... así era el panorama en toda la ciudad. Más tarde tendrían la noticia de que ""don Rafa"", el jefe de esa familia, había sido designado para llevar todo tipo de ayuda y apoyos a los damnificados, albergados y semanas después, a los reubicados.

Rafael Sánchez, al igual que su esposa, Rosalinda García Córdova y sus dos hijos, Alfredo de 12 anos y ""Pepe"" de cinco, pertenecían a los grupos religiosos de la Catedral San Marcos, a cargo de monsenor Felipe Aguirre Franco, iglesia que junto con la de San Roque, coordinaron las acciones de ayuda.

Por instrucciones de la CFE que proporcionó un camión de carga para los traslados y al ser parte del grupo diocesano, ""don Rafa"" colaboró durante los siguientes tres meses al desastre, con la Iglesia Católica y los gobiernos Municipal y Estatal, principalmente distribuyendo víveres, medicinas, ropa, cobijas, material de construcción, incluso, trasladando los cadáveres de quienes fallecían en el Hospital Regional, y sepultándolos él mismo. El gobierno donó los terrenos y la Funeraria Solís, los cajones.

Estas memorias las reconstruyen sus dos hijos, ahora adultos, y su viuda, Rosalinda García Córdova, pues Rafael Sánchez murió en un accidente automovilístico cuatro anos después de haber ayudado a los afectados por la erupción.

""Primero CFE le dio un camión para que se empezara a repartir la ayuda que venía del pueblo mexicano, de la Iglesia, del gobierno y de otros países, después, la Diócesis de Tuxtla Gutiérrez recibió de Roma un camión de carga para seguir con la labor altruista, al que bautizó monsenor Aguirre Franco como Juan Pablo II"", relata la senora Rosalinda.

A manera de reunión familiar, reconstruyen recuerdos de hace casi 30 anos, orgullosos de haber sido parte de la ayuda que se le brindó a cientos de damnificados.

""A veces nos íbamos todos con mi papá a llevar las donaciones hasta las comunidades donde se podía llegar por lo difícil del camino. Lo acompanábamos porque en Tuxtla suspendieron clases por la ceniza que seguía cayendo, ayudábamos en lo que podíamos, hacíamos de todo al ver a tanta gente necesitada, sin nada, que lo perdió todo, algunas no se querían salir de sus pueblos, otras ni siquiera nos entendían porque no hablaban espanol, recuerdo que era algo impactante y muy doloroso"", cuenta Alfredo, el mayor de los hermanos.

Pepe, de sólo cinco anos en ese entonces, comparte que una noche, regresó su padre con el microbús de CFE destinado al traslado de ayuda; ""luego de saludarme, mi papá me hizo una advertencia, 'no subas por nada al carro'... no hice caso de la advertencia y al subir, vi ataúdes pequenos, con cadáveres de ninos en su interior, supongo por el tamano, que después supe, serían enterrados en el Panteón Municipal, todo a manos de mi papá"".

La familia tuxtleca agrega que los damnificados fueron instalados en la Asociación Ganadera La Chachona, ahora instalaciones de la Feria Chiapas, debido a su enorme extensión, posteriormente, la mayoría fueron reubicados en ejidos de Chiapa de Corzo, ahí el gobierno les ayudó a reconstruir sus hogares.

En esos días, ""Rafael se iba desde las cuatro de la manana y regresaba hasta la una o dos del otro día, a veces se iba por días a las comunidades del volcán; hubo ocasiones en que el camión de atascaba en los caminos de terracería en plena madrugada o había que dar vuelta por Pichucalco y Pueblo Nuevo Solistahuacán"", agrega su viuda.

La familia Sánchez García recuenta que la gente estaba desolada, muchos de los afectados limitados por no hablar el mismo idioma de quienes llegaban a ayudarlos, o aferrados a seguir en sus comunidades.

Pero las labores de apoyo también se desarrollaron en la capital chiapaneca: ayudando a los albergados, a quienes se encontraban en el Hospital Regional, incluso, atendiendo a los voluntarios que llegaron de todos los puntos del país; ""algunos se quedaban en la bodega de San Roque, otros en la Asociación Ganadera, los que no cabían llegaban acá a la casa, ayudábamos entre todos"", indica García Córdova.

Entre las personas que colaboraron intensamente en esos meses de incertidumbre y caos, está Enoch Araujo y su esposa Socorrito, también parte del grupo diocesano, subrayan los entrevistados, y recalcan el enorme interés del entonces gobernador Juan Sabines Gutiérrez.

Apoyó con todo a los damnificados, les dio tierras a los que reubicaron, material para construir sus casas, herramientas para el campo, llegaba personalmente a los albergues a darles ánimos a los afectados, convivía con ellos, aseguran los recuerdos de dona Rosalinda y Alfredo. ""Lo recuerdo subido en los costales de maíz en la Asociación Ganadera, que también era centro de acopio, mirando a las familias, platicando con ellos, llegaba a cenar, se preocupaba por ellos, les dio mucho apoyo"", enfatiza Alfredo.

Don Rafa y su familia, son una de las tantas familias que ayudaron 27 anos atrás a superar la tragedia del Chichonal, de una y todas las maneras, con anécdotas para el legado familiar, sin esperar nada, por el solo hecho de apoyar a sus paisanos, a sus hermanos.

Don Rafael, llegó a ser muy querido por los después reubicados del Chichonal, hasta le pedían que fuera padrino de boda o de bautizo, la gente lo quería, recuerdan con un orgullo nostálgico sus familiares, y cosas del destino, que cuando falleció anos después, el voluntario del grupo diocesano fue sepultado en la misma zona de los muertos del volcán. Ahí está con ellos, descansando, ayudó en lo que pudo y finalmente los está acompanando, concluye la viuda de Rafael Sánchez.

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