Lugares de convivencia que desaparecieron

Lugares de convivencia que desaparecieron

En Paredón el paisaje cambió, y para siempre. Los lugares de la memoria tendrán un antes y un después de septiembre. El corredor donde la abuela María Idalia platicaba todas las tardes con Paco, su loro, que no acepta tortillas, a menos que estén calientes, ya no existe.

La casa de doña Raquel Celaya, blanca, de grandes vigas y anchas paredes, era memorable por sus tacos fritos y empanadas. Muchas parejitas consolidaron su amor en sus mesas de manteles de vinil a cuadros y floreados.

Doña Elda Salinas convocó a amigos y vecinos para demoler y limpiar los escombros de la habitación donde ella, sus hijos y nietos veían la televisión hasta bien entrada la noche, a la espera de que la brisa marina refrescara en algo las cálidas noches.

Al amanecer llega el ruido de palas y voces que al unísono se coordinan para mover escombros, acarrear arena, apisonar el terraplén. Resiliencia colectiva desde las primeras horas del día.

Las emociones y la memoria también deberán ser reconstruidos. Las víctimas están a la espera del recurso y las acciones que harán posible un nuevo rostro. La esperanza sigue viva. Texto y Fotos: Óscar León.