Maestro por amor a la educación

Maestro por amor a la educación

La docencia es una actividad compleja y dinámica, es tener a cuestas la formación de la sociedad, así define Sixto Montes Vera la actividad docente que ejerció durante 38 años; este 9 de enero fue su último día al frente de la Escuela Club de Leones de Tuxtla, lugar en donde soñó ejercerse y alcanzar su jubilación.

Egresado de la Escuela Normal Mactumatzá en la capital chiapaneca, no por elección sino por necesidad, pues deseaba estudiar y ser un reconocido abogado, pero los recursos familiares no alcanzaron.

Oriundo del municipio costero de Mapastepec, ingresó a la normal únicamente con el grado de secundaria, con el objetivo de dejar la pobreza y tener una profesión.

“Eso era para lo que nos alcanzaba en aquel tiempo; presenté mi examen en la Mactumatzá, egresé y luego estudié una licenciatura y maestría en la Universidad Pedagógica Nacional (UPN). Mi trabajo siempre lo desarrollé en el nivel primaria”, expresó.

Inicios

Comenzó a impartir clases en el año de 1984, en el municipio de Siltepec, en la Escuela Primaria “Francisco Villa”. Al ser multigrado le tocó impartir de cuarto a sexto grado, y junto con un compañero de generación cubrían todos los grados.

Seis meses después cambió a la escuela primaria de la colonia Las Moras. En este municipio también impartió clases en la localidad Vega del Rosario.

En Mapastepec, desde el 1987 al 2008, dio clases en cinco escuelas: Aquiles Serdán, Ignacio Allende, Francisco Villa, Reforma Educativa y Agustín de Iturbide. De 1998 al año 2008 laboró en la Universidad Pedagógica Nacional de Tapachula, como docente y director.

El hoy director jubilado relata que llegó a la capital chiapaneca en el 2009 para fungir como maestro de la Escuela Primaria “Armando Duvalier Cruz Reyes”, en la colonia Ruiz Ferro.

Un año después se incorporó a la Escuela Club de Leones, dando clases a los grados de quinto y sexto en el periodo 2009-2014.

“En 2014 me fui como director al municipio de Pijijiapan, en la supervisión; posteriormente me moví a Cristóbal Obregón, municipio de Villaflores, donde laboré como director de la Escuela Primaria ‘Revolución Mexicana’”, comentó.

A su regreso a la capital chiapaneca, impartió clases en la Escuela Club Rotario, en la colonia Las Casitas Segunda Sección. “Finalmente se dio la oportunidad en esta institución y acá estamos; era mi intención jubilarme en esta escuela Club de Leones, donde trabajé desde mayo de 2018 hasta el 31 de diciembre de 2022”, puntualizó.

Experiencia

Con total honestidad, tras alcanzar su jubilación, nos comparte que “no sé que haré, toda mi vida ha sido la docencia, no lo planeé, tampoco me enfoqué en dedicarme a una actividad distinta. En esa parte de mi vida estoy y dejó mucho, 38 años, más cuatro meses de servicio”.

Reconoció que ser director de una escuela como Club de Leones le deja muchas satisfacciones luego del trabajo realizado y del enfoque dado a la educación.

“En especial la escuela Club de Leones es la más reconocida en la ciudad; hicimos en equipo un libro, con la ayuda de todos; hay un buen equipo de trabajo, encontré un grupo unido, es por ello que la escuela está así; gracias al desempeño de todos la escuela ha crecido y es reconocida por eso”, destacó.

Regresando el tiempo, platica que, al darse cuenta del enfoque de la docencia y el trabajo que se hace por los niños, encontró este amor por la docencia, pero lo más importante para él es la vocación para desempeñar este oficio con amor, para mejorar y trasformar las condiciones de las prácticas institucionales en el espacio que sea, en la ciudad o en el campo.

Considera que la marginación en las escuelas prevalece en Chiapas, “la primera escuela a donde fui, nos hicimos 10 horas caminando, las maletas en una mula y nosotros a pie”.

Pese a ello, reconoce que hace más de 30 años la marginación en la educación era mayor, pero también el compromiso con los docentes con la educación y con las escuelas.

“Esa era la encomienda de la normal, transformar los espacios en los que nos desarrollábamos, hacer algo por la comunidad. Creo que el nuevo modelo pretende eso, partir de los problemas de la comunidad para que los niños aprendan, pues esa era la forma, y hablo de los normalistas”, puntualizó.

Lamentó que el valor social de la figura del maestro se ha perdido y se ha intentado, pero no se ha logrado. “Un maestro llegó a ser todo en la comunidad: consejero, psicólogo, un apoyo para resolver problemas en la comunidad, era de un valor alto, no como el que se la da en la actualidad”.

Hoy, Sixto Montes Vera cumple 38 años de servicio y no hay necesidad de cuestionarle si ha sido un buen maestro, pues los alumnos lo despiden con cariño, los maestros le otorgan presentes, incluso piden que reconsidere mantenerse, que continúe, que no deje el cargo.

El docente se muestra satisfecho y contento con su desempeño, y afirma que hoy no cambiaría por nada del mundo la profesión que ama, por ello le han dedicado con el alma un poema de su autoría: “Yo fui maestro rural”.