"Francisco Valdés * El Universal. Carlos Monsiváis hizo de la calle su aula, lo mismo para aprender que para enseñar.
Pertenezco a la generación que se nutrió de su crítica y de su convocatoria a algunas de las más finas plumas de la crítica literaria y social en el suplemento de Siempre! La Cultura en México. Quienes iniciamos los estudios universitarios en 1971 nos hicimos asiduos lectores del suplemento, precisamente en el año en que Monsiváis comenzó a dirigirlo, luego de Fernando Benítez. Entre las cosas que esperábamos con ansia estaban la aparición del semanario en el estanquillo (al que dedica su museo) y la última película de autor. Leer y releer el suplemento, admirar su estilo gráfico, sostener largas y animadas conversaciones con motivo de su contenido y doblar bajo el sobaco un ejemplar de La Cultura en México eran signos que nos distinguían como estudiantes, nos daban ingreso a la crítica y la autocrítica a la que llamaban los autores más novedosos de la época.
La rabia por la represión del movimiento estudiantil del 68 no había desaparecido cuando se produjo el halconazo del Jueves de Corpus en 71. De Díaz Ordaz se obtuvo la coherencia de un represor autoritario. De Echeverría la falsedad del represor disfrazado de izquierdista para tratar de salvar un régimen ya por entonces moribundo.
Monsiváis se convierte en cronista y crítico de la vida y la cultura contemporánea de México. La profusión de sus escritos admira y uno se pregunta si no habrán existido al menos media docena de Carlos para hacer pensable, sostenible, un ritmo vertiginoso de una escritura que nutrió al pedazo de país que quería ser moderno.
El año de 1968 es la fecha en torno a la que gira la generación intelectual y política a la que perteneció Monsiváis. ¿Cómo había sido posible que el desarrollo nacional convertido en modernización, urbanización y crecimiento de las clases medias desembocase en una masacre? ¿Por qué el autoritarismo priísta no había cedido a tiempo lo que de todas maneras tendría que entregar, si bien quedándose con una buena rebanada del pastel? Lo cito: ""Casi en sentido estricto, el acto genocida de Tlatelolco es el epílogo de la fiesta desarrollista, el deterioro de una imagen optimista y milagrosa del país y el principio de una revisión crítica de los presupuestos de sus formas de gobierno y su cultura, de los alcances del proceso institucional y las limitaciones y requerimientos de las respuestas críticas a ese proceso. El examen ha incluido también la atención en torno a manifestaciones abrumadoras como el colonialismo cultural y los métodos de captación del sistema, y ha tenido entre otros obstáculos básicos la radicalización sentimental de algunos sectores que suele degenerar en la lucha de sectas. Frente a un drama político el solo recuerdo sentimental es una forma de olvido"". Estas palabras fueron publicadas en 1976 (""Notas sobre la cultura mexicana en el siglo XX"" en Historia General de México, El Colegio de México, p. 430).
A pesar de las dificultades, la apertura se fue imponiendo, de abajo hacia arriba y no, como a veces se cree, por obra y gracia de los gobernantes. Primero como conquista de la expresión libre, luego como ampliación de la libertad de organización y después como derecho a la organización política de preferencias distintas. Los tres son datos del avance de una cultura política y social que Monsiváis se encargó de documentar en la prodigalidad de sus escritos (supongo que quien lo intente compilar se verá en serias dificultades). Para quienes llegaron a la vida adulta en los tiempos de la transición política podría parecer increíble que a sus padres les haya tocado vivir en un régimen político en el que la sumisión, el silencio o el castigo por lo contrario eran la moneda corriente de sus vidas públicas y privadas.
Al pasar del tiempo, Monsiváis se convirtió en el documentador de nuestro pesimismo. Su crítica puntual de los personajes de la clase política y empresarial, de la derecha ultramontana y no tan ultra, de las izquierdas sentimentales y quebradizas hasta la pulverización, de la hipocresía de la discriminación en el país de las declaratorias de igualdad, de las genuflexiones del Estado laico, de la fragilidad de la cultura democrática ante los reflejos autoritarios cotidianos, se volvió parte del medio cultural. Monsiváis convirtió la crítica de la moral privada y pública en una crónica de la vida nacional.
Su vocación fue la del descifrador de jeroglíficos: encontrar en cada manifestación de nuestra cultura civil y política el código oculto, la verdadera moral de la moralidad declarativa. Hacernos ver esos códigos fue su magisterio practicado sin aula, en el ágora y la calle.
Maestro de la palabra, compañero de estas páginas. Descansa en paz.
[email protected] * Director de la FLACSO-México
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