La conocen los taxistas, los colectiveros; los policías se detienen y le dan la mano, la saluda el presidente de la ciudad, y entre tartamudeos y palabras, surgen las risas y carcajadas. La reconocen los entes políticos del palacio y el Ayuntamiento, saben que si desean leer el periódico del día, pueden ir al parque central y comprárselo a Magdalena Hernández Rodríguez.
Ella, no sabe con certeza cuántos años tiene, hace mucho tiempo que perdió su acta de nacimiento, no tiene credencial de elector, ni documento en mano que le de alguna identidad oficial, pero tampoco hace falta, siempre porta una camisa, un chaleco encima de ella, un pañuelo rojo, pantalón de vestir, zapatos negros y una gorra que le dan una propia personalidad, mientras vende periódicos en las calles del centro de la capital.
Magdalena Hernández Rodríguez o Malenita, como le dicen las personas que la conocen de tiempo atrás, es originaria del estado de Veracruz, hace 25 años que llegó a Chiapas, y desde entonces se dedica a vender periódicos todas las mañanas.
Hernández Rodríguez, es sordomuda, una discapacidad con la cual nació, sabe leer y escribir a medias, lo suficiente para entender las cuentas y poder ahorrar dinero para pagar televisión por cable y de vez en cuando mandar de vacaciones a su madre, quien tiene 80 años.
“No tiene un pelo de tonta, mientras tu vas, ella ya fue y regresó, es más fácil que te baje el calzón ella a ti, que tú a ella”, comentó Emiliano Jácome, sobrino de Magdalena.
Emiliano, describió a su tía como una mujer trabajadora e hiperactiva, prueba de ello, es que todos los días se levanta desde las tres de la mañana para planear su día de trabajo, y puntualmente a las cinco estar vendiendo el primer periódico.
Magdalena, entre las pocas palabras que puede pronunciar, manifestó que es de buen comer y que los camarones a la diabla son su comida favorita, con tremendo esfuerzo come huevos cuando no le queda de otra, dice ser aficionada del América, además, gusta de tomar cerveza, escuchar música banda y poder bailar si la ocasión se lo permite.
Debido a su discapacidad, a Magdalena le resulta un tanto difícil comunicarse con las personas, no obstante, la misma dice estar al tanto de lo que acontece en el mundo, pues a diario revisa a detalle sus cuentas en las redes sociales, ya sea desde un iPhone cinco o desde un Galaxi Note, incluso puede actualizar su estado y de vez en cuando acompañarlo de una selfie.
Cuentan quienes la conocen, que cuando era una veinteañera, el cabello largo y las faldas que usaba, combinaban perfectamente con el cuerpo esbelto de Magdalena, desafortunadamente el acoso callejero llevó a la misma, a cortarse el pelo y adoptar una postura casi masculina.
Ante la belleza física que algún día irradió a Magdalena, la misma tuvo muchos pretendientes, en una ocasión un joven con la misma discapacidad que ella, comenzó a frecuentarla, relación a la cual se opuso su madre, esa, la primera y ultima vez que le conocí una pareja formal, comentó Jácome.
“En su momento, Malenita jugó muy bien al futbol, era portera y de las buenas ”, resaltó su sobrino.
Diariamente Magdalena, gana entre 180 y 200 pesos, colecciona gorras y su prenda favorita de vestir, son las camisas, las cuales compra por catalogo, por lo que para cada ocasión especial, tiene una diferente.
Nunca ha pensado en tener hijos, pues la paciencia no es su mejor virtud, no para los niños, ni los animales, puede llegar a desesperarse con facilidad y sacar a relucir el diccionario de palabras “malas” que sin dificultad alguna ha aprendido en la vida de la calle.
Sobrepasa ya los 40 años, lo cual no incide en las energías que tiene a diario, como si fuese una adolescente camina y se mueve con agilidad; vende periódicos en la calle, los reparte en las oficinas gubernamentales, vende aguas, anda de acá para allá, y llegada las ocho de la noche, con la sonrisa que le caracteriza, Magdalena se prepara para dormir, esperando con ansias el nuevo día.












