María Hernández, zapoteca oriunda del municipio de Juajuapan de León, Oaxaca, es una hábil y talentosa artesana que desde hace un par de años se abre paso en Chiapas con sus ya conocidas bolsas elaboradas a mano.
La mujer de 55 años de edad expone que la necesidad de sostener su hogar, y por la grave crisis que prevalece en su estado y ciudad natal, probaron suerte viajando al vecino estado de Chiapas, donde han encontrado un respiro en el tema económico.
La mujer que con una paciencia que parece fuera de lo común, al igual que sus movimientos de mano que entrelazan las fibra de plástico en formas geométricas, comparte que en Juajuapan el tejido de sombreros y bolsas es una actividad tradicional que todos llevan a la práctica.
Sus abuelos lo hacían, sus padres también y ella aprendió a la edad de diez años; a los 15 ya era un oficio del que dependía económicamente.
En sus inicios, relató que únicamente realizaba sombreros, pero lamentablemente llegó un momento en que no se vendía nada, quedando sin el sustento diario.
Afortunadamente, su talento y creatividad surgieron a la par de la necesidad y comenzó a elaborar bolsas de mano, de mandados, en diferentes tamaños, las cuales han tenido gran aceptación.
En estos momentos tiene cinco modelos propios, con diferente tiempo de elaboración, algunas le lleva un día, dos o tres, dependiendo el tamaño.
En todo este proceso de aprendizaje se ha tenido que adaptar a las diferentes circunstancias, por ejemplo, años atrás los sombreros y las bolsas eran elaboradas con palma.
“Pero este material era muy frágil, además de que si se mojaba, la palma se rompía o cambiaba de color y el producto ya no servía, por eso tuvimos que cambiar de material, ahora usamos la fibra de plástico”, platicó.
Otro factor que ha tenido que superar es el de la competencia en su ciudad natal y la crisis que prevalece, por ello decidió probar suerte, salir de su estado por primera vez y viajar a Chiapas.
Por ello, desde hace poco más de dos años ha vendido estos productos en la capital chiapaneca, asegurando que han tenido gran aceptación, incluso le hacen algunos pedidos, los cuales elabora con ayuda de su esposo que es su compañero y socio en este oficio ancestral.
Acá mismo ha conocido a personas que la han invitado a participar en algunas exposiciones y se ha dado a conocer en diferentes municipios de Chiapas.
Actualmente lleva 40 años trabajando las bolsas, aunque son tiempos difíciles, reconoce que en la capital chiapaneca ha encontrado un poco de solvencia, lo que sirve para llevar el sustento a su hogar.
“Antes vendíamos muy bien, todo acababa, pero luego de que pasó el temblor bajó bastante, a veces cinco bolsas al día, pero poco a poco sale para la comida, además tenemos que pagar hospedaje”, comentó.
En este contexto cada vez más complicado, su esposo también ha tenido que salir a otros municipios a vender estos productos, mientras ella permanece en Tuxtla Gutiérrrez.
Agregó: “Mi esposo ha tenido que salir a Comitán, San Cristóbal, para que obtengamos un poco más de recursos; a veces tardamos una semana, quince días y regresamos a Oaxaca”.
Los precios que maneja a pesar del tiempo y el trabajo de elaboración de cada bolsa es realmente módico, son desde 60 a 100 pesos.
“La de tapa es la que cuesta más la elaboración, las otras son más sencillas, nosotros damos a ese precio porque lo hacemos, no somos revendedores”, manifestó.
Al mismo tiempo, hizo la invitación para que puedan apreciar sus creaciones, las cuales las exhibe en la zona oriente, justo enfrente del Hospital Pediátrico.
“Viajamos a Chiapas, no hemos salido a otros estados, las personas de acá son amables y compran los productos con gusto, nos dicen que son bonitos, y con eso nosotros tenemos para comer; de acá llevamos el sustento para nuestra casa, por eso seguiremos viniendo, tenemos necesidad, pero también nos ha gustado el lugar”, expresó.












